Enfoque Informativo

  • En países como México, Guatemala y Perú el precio de la “canasta básica de supervivencia” para un hogar promedio sobrepasa el salario mínimo neto

Comprar alimento para la familia se volvió una resistencia en Latinoamérica. La inflación no da tregua y el salario mínimo es insuficiente en esta lucha por sobrevivir. En Perú, por ejemplo, la canasta alimentaria con los nutrientes necesarios para un hogar cuesta 266 dólares al mes, pero el sueldo solo asciende a 205 dólares.

En la mayoría de los países de dicha región, el aumento de los precios de la comida y de las bebidas sobrepasa la inflación general. Colombia figura entre los más afectados: en marzo de 2022 el encarecimiento del rubro fue de 23.5 %, no obstante, la subida total fue de 8.5 %, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

También destacan México y Chile con una inflación en alimentos –durante el mismo lapso– de 12.1 % y 12 %, respectivamente, cantidades por encima del encarecimiento absoluto: 7.5 % y 9.4 %. Por el contrario, los de menores cifras son Perú (9.1 % y 6.8 %), Guatemala (4.9 % y 4.2 %) y Ecuador (2.2 % y 2.6 %); este último es el único que no registró un porcentaje superior en el costo de la comida.

Las personas con menores ingresos son las más afectadas por el alza en los precios, en especial cuando se trata del sector de alimentos y bebidas, aseveró Arturo Guillén Romo, investigador mexicano de la Universidad Autónoma Metropolitana. El encarecimiento de la comida, abundó, impacta de distinta forma según la capacidad económica del grupo poblacional; sin embargo, los de mayor pobreza son quienes gastarán más.

La problemática de la inflación no se localiza solo en una nación, explicó el investigador, ni siquiera en el conjunto de Latinoamérica. En cambio, es un proceso que atraviesa a todas las economías avanzadas y a gran parte de los mercados emergentes, dijo.

Falta salario para comer

Una canasta básica alimentaria que cubra las necesidades nutricionales mínimas mensuales de una persona se conforma por 10 litros de leche; 10 barras de pan (500 gramos cada una); 1.5 kilogramos de arroz; 20 piezas de huevo; un kilogramo de queso; seis kilogramos de pollo y carne de res; ocho kilogramos de verduras; y seis kilogramos de fruta, de acuerdo con información de la plataforma Picodi.

En México, a inicios de 2022, la suma de estos productos enlistó un costo de 91 dólares (6.8 % mayor a lo observado en 2021); la cifra sube a 328 dólares si se considera a una familia promedio (3.6 integrantes). No obstante, el salario mínimo neto solamente llega a 254 dólares, es decir, se requiere 29 % más del sueldo para completar la alimentación familiar.

La inflación mexicana se debe a una combinación de factores: los nacionales, donde aparecen la sequía y la inseguridad, y los internacionales, en los que destaca la guerra entre Rusia y Ucrania, señaló en entrevista José Ignacio Martínez Cortés, coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Si hay sequedad en las tierras, no hay cosecha; si el crimen organizado extorsiona a los productores, vendedores y distribuidores, se busca recuperar algo de ganancia; ambas cosas elevan los precios del producto final, detalló el académico. A ello, agregó, se suma la falta de fertilizantes y energéticos tras el conflicto bélico en Europa del Este.

Otro caso similar al anterior es Perú: la “canasta básica de supervivencia” individual alcanzó los 76 dólares al mes, la de una familia promedio (3.5 personas) los 266 dólares; sin embargo, el salario mínimo neto es de 205 dólares, o sea, falta 29 % de su pago para cubrir la comida del hogar.

“El Perú, desde hace buen tiempo atrás, no tenía el problema de experimentar inflaciones elevadas; es un detalle importante. Pero en los últimos meses, básicamente a partir de esa mixtura entre lo que es la pandemia de Covid-19 y lo que acontece con la guerra de Rusia contra Ucrania, vimos un impacto”, apuntó a este medio Juan Manuel Cisneros García, investigador del Departamento de Economía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Debido al choque armado mencionado, añadió el especialista, los fertilizantes se redujeron, lo cual genera decremento en las cosechas de todo el mundo. Una posible consecuencia es la hambruna, advirtió, donde la población de ingresos bajos tendrá complicaciones para adquirir comida, mientras, la de altas ganancias deberá destinar mayor parte de su presupuesto.

Un ejemplo más es Guatemala, nación con un déficit de 8 % en el salario mínimo mensual (375 dólares) para comprar la ‘canasta básica de supervivencia’ de una familia promedio en Latinoamérica (3.5 integrantes).

Apenas alcanza para comer

La “canasta básica de supervivencia” para una persona en Chile tiene un precio de 95 dólares al mes (6.4 % mayor a lo matriculado en 2021), para el hogar promedio (3.1 miembros) cuesta 294 dólares, cantidad equivalente al 84 % del salario mínimo neto: 349 dólares.

Además de la guerra en Ucrania y de la pandemia de Covid-19, la crisis climática incidió fuertemente en la inflación chilena, pues las sequías de los últimos 13 años mermaron las hectáreas destinadas al cultivo, lo cual elevó más todavía los costos que requieren los agricultores para financiar su siembra, indicó Marcela Vera, economista de la Universidad de Chile.

En Colombia el salario mínimo neto es de 265 dólares, la “canasta básica de supervivencia” mensual para la familia promedio (3.1 personas) representa el 68.6 % de este: 183 dólares; la individual cuesta 59 dólares (5.6 % mayor a lo registrado en 2021).

Los precios de los alimentos han subido mucho más que el índice general, lo cual se debe a tres causas: la escasez internacional de cereales y fertilizantes tras la guerra en Ucrania, la pérdida de productividad agropecuaria y la devaluación del peso local, detalló en entrevista Jorge Iván González, profesor de la Universidad Externado de Colombia.

“Para las familias pobres el golpe ha sido muy duro. La inflación de alimentos está afectando, sobre todo, a las personas más vulnerables. El Banco de la República se ha equivocado pensando que la inflación se combate aumentando la tasa de interés. Este mecanismo es inútil. El camino más expedito es incrementar la productividad agropecuaria”, concluyó el economista colombiano.