Por Roberto Fuentes Vivar 

El periodismo de negocios marcó en México una etapa importante dentro de la historia de la comunicación, al mantener una especie de boom durante más de 30 años; hoy parece enfrentarse a una inminente declive propiciado por la crisis financiera de los medios.

Prácticamente desde la década de los noventa del siglo pasado, hasta el sexenio de Enrique Peña Nieto este segmento del periodismo económico tuvo un auge tal que se publicaban noticias en las primeras planas, se le destinaban páginas enteras en interiores y la información de negocios era disputada por decenas de reporteros.

La situación ha cambiado en los más recientes tres años y ahora la política casi generalizada de los medios (tanto impresos como audiovisuales) es minimizar la información de las empresas, para publicar solo noticias económicas y las que tengan que ver con convenios publicitarios o consorcios afines a la línea editorial de los grupos mediáticos.

Quizá valga la pena hacer una breve reseña de lo que es y ha sido el periodismo de negocios y también encontrar una especie de definición.

En los años setentas del siglo pasado estaba prohibido en los medios difundir los nombres de empresas y marcas y los editores los censuraban porque se consideraba “publicidad”.

En los años ochenta comenzaron a eliminarse esas restricciones y se generalizaron las secciones que en un principio se llamaron “financieras”. En esa década nacieron los dos diarios especializados que sobreviven hoy en día: El Financiero (1981) y El Economista (1988).

En los años noventa comenzó el boom de las columnas y del periodismo  de negocios, en donde no existían limitaciones para mencionar marcas. Incluso se generalizó el nombre de “de negocios” para las secciones económicas. Paralelamente hubo varias columnas que en su título precisamente llevaban la palabra “nombres”.

En las dos siguientes décadas continuó este auge y todos los días se publicaban planas enteras dedicadas a las empresas privadas. Esto ocasionó también un crecimiento inusitado de las agencias de Relaciones Públicas.

(En 2019 publicaba yo lo siguiente: “La industria de las relaciones públicas tiene un valor anual de alrededor de seis mil millones de pesos. Organismos como Profesionales de Relaciones Públicas (ProRP), Cicom (Confederación de la Industria de la Comunicación Mercadotécnica en México) o Latin American Communication Monitor, dan sus propias cifras, pero más o menos coinciden en esa cantidad y también en que hay más de 300 agencias, que dan empleo a entre 15 y 28 mil trabajadores -muchos de ellos experiodistas-. Si se analiza el significado de esos seis mil millones de pesos, resulta que la cifra es casi 50 por ciento superior a los cuatro mil 500 millones de pesos que tiene asignados este año el gobierno de Andrés Manuel López Obrador para la publicidad oficial, cuya reducción -contra la cifra de más de 10 mil millones de pesos ejercida anualmente por el gobierno de Enrique Peña Nieto- ha ocasionado una fuerte crisis en todos los medios.)

Este es más o menos el entorno del periodismo de negocios. Sobre una posible definición, personalmente creo (y así lo he explicado académicamente en mis clases en la Septién) que el periodismo de negocios es solo uno de los segmentos del periodismo económico, pues hay muchos especializaciones como la financiera, bursátil, de seguros, de comercio (interior y exterior), de finanzas personales, agropecuario, de medios, de pequeñas y medianas empresas, de telecomunicaciones, automotriz y otras más como la de negocios, que se convirtió en el periodismo consentido de algunas de las secciones económicas.

(Precisamente en el entorno del párrafo anterior, cuando dirigí secciones de economía, siempre me opuse a que se llamaran “de negocios” o “financieras”, porque limitaban el contexto e intenté dar al periodismo “de negocios” un lugar dentro de todo el entorno, pero sin privilegiarlo sobre los otros segmentos.)

En síntesis, el periodismo de negocios podría definirse como el segmento que da a conocer la información de las empresas privadas y su posible influencia en la sociedad. En ese entendido, se difundían los informes trimestrales o si una empresa anunciaba una inversión, si lanzaba nuevos productos, si se asociaba con otra o si ganaba licitaciones.