Juan José Contreras Lara

Vive Guerrero una etapa cíclica de renovación, que como todo cambio genera tanto esperanza, como indiferencia. Estamos llegando al fin de un periodo gubernamental que resiente un desgaste natural y el inicio de otro, lógicamente cargado de expectativas, como parte del ritual sexenal que impone el calendario electoral vigente.

Transitamos pues en una etapa intensa y convulsa, entre reclamos y protestas. Se multiplican en las principales ciudades las demandas de todo tipo, sobre todo las exigencias de pago de beneficios salariales, que la administración saliente no ha podido cubrir, no porque no quiera, sino porque simplemente los recortes federales y los gastos extraordinarios por la pandemia lo impiden.

Si el año pasado fue difícil en materia de recursos para la administración de Héctor Astudillo Flores, este 2021 ha sido devastador. 

Desde enero se aplicó una política de severa austeridad en todas las dependencias, pero la reducción de participaciones federales fue mucho mayor a lo esperado y ahora, como consecuencia, como bien ha dicho el gobernador, ante la carencia de recursos, su administración “no está obligada a lo imposible”, por lo que posiblemente se acuerde con la administración entrante el pago de algunos asuntos que quedarán pendientes.

Sin embargo, estos problemas financieros de final de sexenio no marcan el balance general del gobierno astudillista, porque a pesar de todo, se transitó todo el periodo con gobernabilidad, se manejó apropiadamente la pandemia, se atendió hasta donde se pudo al sector social siempre demandante de beneficios, hubo obra pública en todas las regiones y la deuda estatal se administró adecuadamente.

Político con destreza y experiencia, Astudillo siempre ejerció un gobierno de apertura, centrado en objetivos claros, ajeno a frivolidades y a confrontaciones gratuitas. Pudo construir una relación de respeto con el presidente López y con todos los actores políticos nacionales y locales. Entregará un estado con problemas, por supuesto, pero también con estructura operativa eficaz y avances en muchos rubros. Este Guerrero que deja, ya no es el mismo que recibió en aquél convulsionado 2015. 

Iniciará gobierno Evelyn Salgado Pineda esta semana, en el momento culminante de un proceso inédito, como lo es casi todo en Guerrero. Llega postulada por Morena y se abre un nuevo ciclo político en un estado que tiene experiencia en la alternancia. Llega también, se espera, con todo el respaldo presidencial para el estado, que se espera ahora sí se concrete en hechos, pues realmente no ha trascendido más allá de la retórica.

Se aprecia a Evelyn centrada y conciliadora. Más allá de los reiterados postulados de la 4T, ojalá su compromiso con Guerrero la lleve a ejercer un gobierno a la altura de lo que ha ofrecido, sin personalismos ni sectarismos, sino genuinamente democrático. 

Veamos lo que sucede a partir del viernes.                    

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