Por Baltasar Hernández Gómez

La imagen que acompaña este mensaje lo dice todo: situamos palabras, actitudes, silencios, alharacas, números, gráficas y todo tipo de elementos visuales, auditivos y sensibles, tratando de comunicar pensamientos, emociones y actos lo mejor posible, pero muchas veces lo hacemos de manera rebuscada.

En esta dinámica lo que realmente estamos haciendo es complicar la comunicación, es decir, hacer complejo lo que debe ser simple y directo. El reloj de la fotografía de abajo, en lugar de tener números arábigos o romanos referenciales, contiene fórmulas matemáticas para establecer -elaboradamente- lo que tendría que ser visualizado de manera sencilla.

El ser humano, entrenado a seguir al pie de la letra los modelos de vida impuestos por el sistema político y económico globalizado, cada vez más se pierde en el revestimiento, utilizando elementos innecesarios para transmitir mensajes, o bien, aborda el otro extremo de “simpleza” extrema donde se usan abreviaciones sin sentido y figuras digitales, tratando de compensar la pobreza de pensamiento y lenguaje.

En las relaciones sociales los roles estereotipados de mujeres y hombres recubren el verdadero sentir:

Un Sí es un sí, así de directo, no un No disfrazado que pretende seducir subliminalmente, pero lo único que produce es confusión. Las frases, poses, vestimenta y actuaciones aparecen camuflageadas, tratando de esconder la desdicha de no saber ponernos en común y poder expresar sin mediaciones  lo que existe en la interioridad.

Al amor se le adjuntan manifestaciones materiales donde el obsequio y los clichés son más importante que el sentimiento mismo. A la honestidad se le acompaña con mentiras “candorosas” para no decir lo que realmente se es y lo que se pretende ser.

Lo bello y sencillo de la vida se le colorea con matices y trazos claroscuros, haciendo que lo sintético sea una copia burda para admirar. El reino vegetal y animal, los seres vivos y lo inanimado, son dejados a la vera del camino porque es lo obvio, dicen, y entonces todo aparece envuelto en artificios que falsean lo que en realidad está frente a nosotros….Dando lugar a la exageración de lo abstracto, lo alegórico y la simulación.

Si vamos a expresar algo, cualesquiera de las situaciones que se experimentan, que sea con la sencillez de una oración, de un beso, un abrazo, un trato respetuoso, un texto o una imagen coherente que sea ampliación de lo que sentimos y deseamos divulgar.

No nos compliquemos más…Seamos directos sin ambigüedades. No vivamos con la creencia de que las personas tienen la obligación de descifrar códigos o comprender lo que no está claro de origen.