Enfoque Informativo

Muchas personas están agotadas, no solo por trabajo o vicisitudes domésticas, sino además porque su sistema de alarma no para de trabajar y acaban agotadas física-mental y emocionalmente.

El sistema nervioso y su sistema de alarma explica en parte por qué algunas personas acaban el día excesivamente cansadas: Una estructura de nuestro cerebro humano, el córtex reptiliano, que es el cerebro más primitivo, está al pleno servicio de nuestra conservación.

Está diseñada para buscar amenazas y preservar nuestra integridad, escanea la presencia de potenciales depredadores, humanos que pueden atacarnos, señales sociales de exclusión o desprecio, coches que se acercan demasiado, posibles pérdidas del cuerpo, de prestigio o económicas, cualquier evento que dificulte nuestra supervivencia biológica o social.

Así que sondeamos continuamente estas amenazas, y el cuerpo se tensa ante ellas, se prepara para una de las tres respuestas  de supervivencia: de lucha, huida o congelación/parálisis. 

Se tensan nuestros tejidos musculares para tomar las medidas defensivas necesarias para protegernos.

Si nuestro detector de amenazas está demasiado activado por un lado, nuestra mente empieza a emitir pensamientos o valoraciones que las confirmen, con preocupaciones del tipo:

  • ser criticados por los demás, no cumplir las expectativas del grupo o de nuestra pareja, no gustar, no ser de los guays,.. Las redes sociales también alimentan  estos posibles fuegos.

Por otro lado, en paralelo, el cuerpo se pone tenso y ansioso. Un cuerpo excesivamente tenso se contractura, se desregula, se desgasta en exceso, consume demasiada energía…Esto es simplemente agotador a nivel musculoesquelético.

Todo ello nos obliga a poner límites a nuestro detector de amenazas, es necesario gestionarlo para desactivar su efecto desgastante, ya que consume mucha energía vital.

Las razones por las que siempre estás cansado/a

Si nuestro sistema de alarma está sobre activado nuestro sistema nervioso no descansa y el efecto se da en distintos niveles. La sobre activación de nuestro sistema nervioso da como resultado un agotamiento energético

  • La sobre activación nerviosa se traduce a nivel físico en: Fatiga, sobresfuerzo, tensión muscular, contracturas, posturas de contracción, hay que forzar el vehículo, desvitalización, poca energía.
  • La sobre activación nerviosa se traduce a nivel emocional en: Desaliento, tristeza, apatía, enfado, ataques de ira o desesperación, depresión emocional.
  • La sobre activación nerviosa se traduce a nivel cognitivo en: Obsesión, hipervigilancia, pensamiento negativo, escéptico o catastrófico, se confirman creencias como que la vida es difícil, la gente es egoísta, frustración, pesimismo, “me animo, pero no hay manera”, “todo cuesta”.

El sistema de alarma se activa porque detecta una amenaza o varias, solo ejerce la función para la que está diseñada biológicamente. No es posible ni sería inteligente desactivarlo, por tanto, nos corresponde aprender a gestionarlo. En este sentido ayuda mucho tener el mapa de la teoría polivagal para poder gestionar nuestro sistema nervioso para no caer en una sobre activación nerviosa crónica. Si deseas aprender sobre el tema lee nuestro artículo sobre teoría polivagal.

Me siento muy cansado/a y sin ganas de hacer nada

Existen 3 puntos iniciales clave para aprender a gestionar el sistema nervioso y gestionar el nivel de cansancio, el agotamiento, la apatía, o la sensación de que “solo quieres dormir”: identificar los detonantes del cansancio, reconocer el miedo y distinguir la asociación del episodio de alarma.

  • Es básico detectar las situaciones que nos disparan nuestro sistema de alarma.
  • Reconocer el miedo activa el sistema de alarma.
  • Es importante distinguir la asociación del episodio de alarma.

¿Cómo solucionar el agotamiento?

  • Ponernos límites, sí sé que sufro de trauma relacional no es necesario ir a todas las fiestas, es importante encontrar un punto medio, ni la evitación ni la sobreexposición.
  • Hacer dieta de móvil y redes sociales, tanto input no nos relaja y nuestro vigilante interior no cesa de chequear si los inputs son benignos o malignos
  • Medita unos 15-20 minutos, solo parar y estar en silencio es suficiente, no hace falta que te pidas hacer respiración tántrica o circular. Detente y busca el silencio. Crear una base meditativa nos ayuda a crear un ancla para no ser víctimas de los vientos mentales.
  • Observa en las situaciones que te desregulan si alguien te está atacando en este momento, chequea y reconoce lo amistoso, benigno o neutro.
  • Presta atención a tus sensaciones corporales y comprueba su nivel de tensión, obsérvalas sin juzgarlas, sopla la tensión. Trabaja con la tensión física.
  • Descansa tu espalda, ya sea tumbándote o apoyándote en silla o sillón.
  • Bebe agua sintiendo su efecto en tu cuerpo. Limita las bebidas excitantes.
  • Conecta con la percepción, mira y escucha inputs sensoriales externos. En el nivel percepción descansamos del cuerpo mente.
  • Observa tu respirar, inspira si está falto de energía, y espira si estás con un exceso de energía.
  • Distingue si el fuego está afuera, o está en tu mente.
  • No te creas al demonio del miedo, su narrativa es que serás atacado o que no lo conseguirás, agárrate al “hago lo que puedo”, y acuérdate de tu resiliencia y confianza naturales. El miedo da mucha amnesia.
  • Sal del aislamiento, comparte con alguien de tu confianza que tu mente está incendiada, y que tus demonios bailan encima de tu mente sana.
  • Construye otros puntos de vista, otra narrativa que no sea la amenazante “parece que les caigo bien” o “puedo tolerar el rechazo”.
  • Ejerce la autocompasión, no te castigues por sentir miedo o percibir amenazas.
  • Habla con tu niño herido, cuéntale que ya no vives en el imperio de los lobos y que también sabes defenderte de ellos. Puedes leer más recursos sobre el trabajo con el niño interior en nuestro blog.
  • Modular, templar y gestionar tu sistema de alarma es una práctica, un proceso de aprendizaje para toda la vida. No lo harás bien o mal, aprenderás.