Madrid. En un nuevo giro de su tradicional discurso, el Museo del Prado presentó una exposición en la que reivindica el enorme acervo artístico procedente de América Latina durante la época de la Conquista, que hasta la fecha se sigue estudiando más desde una óptica etnográfica o antropológica que estética. La exposición Tornaviaje. Arte iberoamericano en España reúne hasta 107 piezas de diversos géneros, formatos y estilos, en los que se pretende dar una panorámica del arte que se creó durante aquellos años, viajó a España para quedarse y que hasta la fecha permanece sin el reconocimiento artístico que merece a juicio de los grandes expertos dearte virreinal y del propio Museo del Prado.

La mayoría de los bienes artísticos que se exponen viajaron de América Latina, sobre todo de México y Perú, entre los siglos XVI y XVIII. Eran regalos, dádivas o compras ex profeso para formar parte de otras colecciones públicas y privadas, en este caso, principalmente, de las grandes colecciones reales y del acervo de la Iglesia católica, ya que se trata esencialmente de arte religioso. En la historia, esas obras, de manera primordial las que forman parte del patrimonio público español, han sido relegadas a otro tipo de recintos o galerías, como a los espacios de estudio antropológico o etnográfico, dándoles más un valor testimonial sobre la diversidad humana, animal y biológica de esa región recién descubierta, que un valor artístico.

Prejuicio y revaluación

Son prejuicios arraigados que tienen que ver con la propia historia del arte en Occidente y que ahora el Museo del Prado pretende subvertir con una exposición que sitúa en un primerísimo lugar artístico las grandes objetos de arte procedentes de América Latina y que ahora se exponen en España en iglesias, conventos, museos arqueológicos o que forman parte de colecciones privadas.

“La tesis principal de la exposición es contar al público español una suceso que ignora: el tráfico artístico fue bidireccional, un flujo de dos direcciones, y así como viajaron a América frescos de Murillo, también ocurrió en trayecto inverso. Y el valor artístico es el mismo”, explicó el director del Museo del Prado, Miguel Falomir, en una conversación con La Jornada.

El director de la pinacoteca abundó en esta anomalía que persiste en España sobre la forma de mirar esos bienes culturales, pues se sigue haciendo con la lupa antropológica:

“Es verdad que el significado del arte es cambiante y los museos reflejan eso. Por ejemplo, cuando el Del Prado se inauguró no había pintura medieval porque se consideraba que no era arte; que al ser un cuadro anterior al Renacimiento se decide llevar al Museo Arqueológico. Se considera que son vestigios del pasado, hay una razón para conservarlos, pero que carecen de calidad estética. Esta situación se puede vencer con educación, demostrando que esos distingos responden a prejuicios construidos y elaborados culturalmente, que responden a situaciones e ideologías; no obstante, son subsanables.

“El problema en España, además de los prejuicios, es que prevalece un desconocimiento tremendo. Es muy difícil encontrar en el país historiadores del arte interesados en América o coleccionistas en este tipo de arte; de hecho, de España salen todos los años centenares de obras americanas porque en el momento en que empezó a constatarse la fiebre de arte virreinal en Estados Unidos empezaron a venderse y han salido miles de piezas.”

En cuanto a la visión de la Conquista que expone en Tornaviaje. Arte iberoamericano en España, se refleja la crueldad y el exterminio de los pueblos originarios mediante varias obras que lo relatan, Falomir explicó que “evidentemente la Conquista no se puede obviar. Estamos hablando de una realidad, de una irrupción militar muy cruenta y, por lo tanto, eso está plasmado. Aunque no es una muestra desde el punto de vista histórico, intenta hablar más de arte, pero es imposible entenderlo si no nos asomamos al contexto. En los museos o grandes palacios españoles uno no encuentra obras sobre la Conquista; de hecho, creo que las primeras imágenes que tenemos de Hernán Cortés son del siglo XVIII. Y lo que queda de testimonio en España, yo diría que casi todo está hecho en México, la mayoría de finales del XVII, cuando empieza a cristalizarse la identidad criolla, en la que se dice que sí, que son herederos de la Conquista, pero que por otro lado son algo diferente.

“La actitud que se muestra de los aztecas es mucho más respetuosa porque está matizada por 200 años y por ese sentido de que forman parte de nuestra historia. Por eso toda manifestación artística que refleja la Conquista es, por un lado, 200 años posterior al propio hecho histórico, y, por otro lado, es arte hecho en México en el que se proyecta esa mentalidad de las élites criollas novohispanas”, explicó.

Las 107 obras fueron elegidas por los tres comisarios, los especialistas Rafael López Guzmán, el catedrático mexicano Jaime Cuadriello y Pablo F. Amador. Las piezas expuestas se encuentran la mayoría en España, pero hay algunas excepciones, como el Retrato de Moctezuma, atribuido a Antonio Rodríguez y realizado en 1680, que pertenece a la Galería Uffizi, del Tesoro de los Granduchi, en Florencia, Italia.

La exposición se podrá ver en el referido recinto hasta el próximo 13 de febrero.

Lazos con el país

El Museo del Prado también pretende, con este exposición y con una serie de proyectos paralelos, fortalecer los lazos con México, un país que considera fundamental para ganar presencia en América Latina. Entre esos planes hay tres de importancia para la pinacoteca madrileña: la exposición que se llevará a cabo a finales de este mes en el espacio público de Chapultepec, con la muestra El Prado en las calles de México, en la se mostrarán medio centenar de carteles de obras emblemáticas del recinto.

También está en marcha una beca, la primera de este tipo entre ambos países, para un profesional mexicano sobre investigación en restauración y la publicación de las conferencias que dictó el profesor Jaime Cuadriello en la Cátedra del Prado sobre el arte de la Edad Moderna en América Latina, de manera preponderante en México.

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