Beatriz Miranda

Una luz de esperanza que contrasta con un Brasil que resiste, pero que no ha encontrado un camino seguro para superar el COVID-19.

En un contexto de una pandemia que hizo que los brasileños cuenten cotidianamente innumerables muertos y contagiados, la tribu indígena kuikoro no se hizo esperar, ni siquiera vislumbró la ayuda del gobierno federal o local y fue a la lucha contra el COVID-19, dando un ejemplo de articulación, colectividad e iniciativa.

En 2020, los indígenas de todo el país, 350 pueblos, 274 lenguas, alzaron su voz, recordando una resistencia de 520 años frente a todo tipo de invasiones, que además de la violencia física, del trabajo forzado, el despilfarro y la usurpación de sus territorios y la utilización de enfermedades como principal arma biológica para exterminarlos.

La Asociación de los Pueblos Indígenas dice que hasta finales de marzo se registraron 1.022 muertos y por lo menos 51 mil casos.En abril, el país alcanzó la tortuosa cifra de 330 mil muertos. Sobre el país de la alegría, del intenso vivir a cada día, se abatió una espesa neblina, que huele a pérdida y dolor. Como dice la escritora Marina Colassanti en su crónica “Lo sé, pero no debería”: “La gente se acostumbra a abrir el periódico y a leer sobre la guerra.

Y aceptando la guerra, acepta los muertos y que haya una cifra de muertos.

Y aceptando la cifra, acepta no creer en las negociaciones de paz, acepta leer todo el día sobre guerra, sobre cifras, sobre su larga duración”. Ahora se acepta el número de muertes y se acostumbra a ver los ataúdes y las fosas comunes como una imagen más.En ese doloroso escenario, un reciente reportaje de la BBC de Londres nos narra cómo indígenas de la tribu kuikoro están afrontando la pandemia del COVID-19, agarrándose a la ciencia, recordando experiencias anteriores, ayuda externa y a la gestión de sus líderes.Mientras el gobierno nacional estaba inmerso en un negacionismo y una relativización de la pandemia, la tribu kuikuro optó por el confinamiento estricto en sus aldeas, reunió recursos colectivos para compra de medicamentos y utilizó la experiencia adquirida tras un fuerte brote de sarampión que años antes llegó a sus aldeas.

Los kuikuros pueden ser considerados un subsistema Carib y su territorio histórico ha sido el Alto Xingu. A pesar que el kuikoro es una lengua minoritaria, de fuerte tradición oral, la lengua aún se mantiene en la comunicación de la tribu y es utilizada por sus integrantes en todas las circunstancias, con excepción de sus contactos con el blanco o con otras tribus. Sin embargo, la escuela y los encuentros con las ciudades han contribuido para un mayor conocimiento y uso del portugués.

Algunos líderes de la tribu afirman que se sienten amenazados por el generador de energía, la televisión y la antena parabólica. Sin embargo, para algunos la tecnología que ha llegado a sus aldeas propicia que los jóvenes también graben y registren variables importantes de su identidad y cultura: forma de vida, rituales y canciones, lo que de algún modo llega al mundo exterior y representa un gran acervo para las generaciones futuras. Pareciera ser que están aprendiendo a tender puentes entre su cultura ancestral y la modernidad sin renunciar a sus valores y tradiciones. Esta tribu indígena, que tiene 900 personas, se encuentra hoy en ocho aldeas diferentes, siendo Ipatse la mayor. En contraste con el resto del país que llora, registró solamente 160 personas contagiadas y ninguna muerte.

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