Al final del conteo de votos el demócrata Joseph Robinette Biden Jr. (Joe Biden) obtuvo 75,198,127 el 50.6 por ciento sobre el republicano Donald Trump con 70,804,457 el 47.7 por ciento, para alcanzar 290 votos del colegio electoral con el tácito reconocimiento de Presidente Electo, acompañado de Kamala Harris, primera mujer afroamericana, hija de inmigrantes como Vicepresidenta.

En una situación sin precedentes para la democracia americana, su perdedor y presidente, Donald Trump, se niega a aceptar los resultados y ha lanzado una batalla judicial desesperada que difícilmente prosperará, pero podría dejar a millones de estadounidenses con la impresión de que le han robado las elecciones, tal y como el republicano sostiene sin presentar pruebas de tan grave acusación.

Llamados a las urnas después de cuatro años de vértigo, los estadounidenses hablaron en masa y lo hicieron para poner fin a la presidencia de Donald Trump, un político que hizo de la polarización, la división, el populismo, la xenofobia y la mentira, las señas de identidad de su gobierno. Pero el resultado invita a lecturas más profundas. Las elecciones fueron un referéndum sobre su persona y su visión, y el veredicto de los estadounidenses ha sido más matizado de lo que los demócratas esperaban. EE.UU. ha rechazado a Donald Trump, pero no ha habido un repudio.

Impulsado por la fuerte movilización de las ciudades, las mujeres y los jóvenes contra el presidente; Biden es el presidente electo con más apoyo de la historia de EE.UU. (le votaron 75,1 millones de personas) pero también Trump consiguió atraer a millones de nuevos votantes a las urnas para apoyarle (70,8 millones), cifras que evidencian la profunda fractura del país, y el nuevo presidente deberá tener muy presentes a la hora de gobernar. A Trump por derecho le queda, en su caso, interponer recursos legales, sin embargo, de momento, los jueces han desestimado todas sus demandas, aunque llegarán al Tribunal Supremo, donde ahora hay mayoría conservadora.

El recuento de votos debe acabar, por ley, el 8 de diciembre. Los resultados serán oficializados el próximo 14 de diciembre, la fecha en que se reúne el Colegio Electoral; organismo previsto en la Constitución para decidir cada cuatro años, de forma indirecta, quién es el presidente.

Después de cuatro años, Trump deja una nación dividida en dos. Los estados azules en manos de los demócratas y los rojos dominados por los republicanos. Biden en control de la presidencia y los republicanos con la mayoría en el Senado. Un partido democrata que apenas gana la presidencia y otro republicano que se dedicará a saborearlo. 

Este desenlace divisorio nos ofrece lecciones y reflexiones. En el espejo de Trump se puede constatar que la arenga a sus adversarios si lleva a sus seguidores a odiarlos y que para muchos importa más la adoración de un hombre que los resultados tangibles y medibles de su proyecto.

Importa más la construcción de narrativas de confrontación que el cumplimiento de promesas o la defensa de la democracia.

Engendra países como los Estados Unidos hoy enfrentados, incapaces de llegar a acuerdos que beneficien a la ciudadanía en general y no sólo a una base electoral y también como en el caso de Trump, puede llevar a la derrota a quienes se dedican a dividir y destruir, en vez de unir y conciliar.

Como siempre, usted tiene la mejor opinión.

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