Por Carlos Basilio

Dos expertos en entrenamiento en medios de comunicación que trabajaron un mes y medio con Andrés Manuel López Obrador comentaron a Jesús Zambrano – quien se asume como líder indiscutible del PRD o lo que apenas queda de éste- que el presidente de la República no acepta ser corregido en lo relativo a su desenvolvimiento corporal y discursivo.

Y esto no es terquedad -señalan- sino una falta de interés para optimizar su imagen pública: entre otras cosas, no acepta que sus manos tienen que estar apoyadas en atril o apretando documentos y no moverlas lentamente, con la finalidad de que no se note su cada vez más pronunciada artritis reumatoide. Además, no estuvo de acuerdo en asumir una postura recta para dar impresión de entereza y, mucho menos, que su ritmo narrativo tiene que ser más fluido, a efecto de captar la atención de las audiencias.

“No se deja ayudar el señor presidente” mencionaron los especialistas en comunicación política al representante de los “chuchos” (grupo que secuestró al PRD desde hace 20 años y que ahora lo tiene casi al borde de la extinción). Lo que podría ser tomado como parte del folclor mexicano es en realidad un problema de presencia y es una cuestión pública cómo actúa el jefe de Estado y es observable que López Obrador no lo parece.

Y entonces surgen las preguntas: ¿Cuántas veces el presidente ha asistido a actos oficiales en el extranjero? ¿Por miedo, por acomplejamiento o por seguir sosteniendo la farsa de austeridad? ¿Cómo fue su desenvolvimiento ante dignatarios y representantes de países que han venido a México? En la visita de la vicepresidenta de EUA, Kamala D. Harris, López Obrador le cambió nomenclatura, llamándola Komala ¡De verdadera risa el desaguisado!

Esta situación va más allá de lo que a bote pronto parece pintoresco, pues además López Obrador afirma primero una cosa y luego se desdice. Hace dos días aseguró que en México ya no se espía, pero posteriormente afirmó que bueno, sí, porque es necesario contar con mecanismos de inteligencia basados en la observación y escucha, a efecto de garantizar la seguridad nacional y la de los estados. Entonces ¿Somos o no somos?

En este orden de ideas, López Obrador ha expresado que nadie puede hacer justicia por su propia mano, refiriéndose a las autodefensas de Chiapas, pero él sí “aplica justicia” cuando asume ser fiel de la balanza, otorgando fallos de inocencia o no culpabilidad a funcionarios del gabinete señalados en supuestos actos de omisión, desinformación, ineficacia o prepotencia, como los casos de Manuel Bartlett y Eréndira Sandoval, por ejemplo. En varias circunstancias el presidente toma para sí el rol del rey Salomón -según conveniencias- como sucedió en años anteriores cuando era simpatizante del EZLN y de ciertos líderes de autodefensas del estado de Michoacán. ¡Ah, pero ahora los de Chiapas no!

Servidores públicos adscritos a palacio nacional, los que tienen ocasión de oír murmullos y gritos de familiares y amigos que viven o visitan al presidente, mencionaron a un politólogo-consultor, que los hijos mayores y amistades muy cercanas a López Obrador insisten que es prioritario que, la mitad del sexenio, sea la perfecta ocasión para reconstruir su visibilidad, con el propósito de que su desenvolvimiento público proyecte fuerza e inclusión, amplíe el abanico de simpatizantes, así como obtenga realmente el apoyo de grupos económicos nacionales e internacionales.

Los empleados de palacio nacional dicen haber escuchado que se le recalca la trascendencia de salir de gira al mundo y recuperar el liderazgo de causas latinoamericanas. Otro tema es de que debe proyectar una imagen atrayente para las nuevas generaciones.

A pesar de que todo lo anterior es de vital importancia, lo más seguro es que López Obrador se pertreche en el no, no, no y siga comportándose como “el cabecita de algodón” que genera bostezos y que cada vez se aprecia menos contundente para propagar una imagen fresca.

Y aunque a muchos no le guste, lo cierto es que esto es un asunto de interés nacional, pues no se trata de un hombre ordinario, sino de un estadista que tiene que consolidar un perfil que ofrezca certidumbre social,  política y económica. ¡Gulp!

  • Las dos gubernaturas del estado de Guerrero.- Hace dos días el gobernador en funciones, Héctor Astudillo Flores recibió a la gobernadora electa, Evelyn Salgado Pineda, a fin de entrelazar tiempos para que haya un eficaz proceso de entrega-recepción. Si bien es cierto que el encuentro fue parte del protocolo de cortesía, pudo observarse que Astudillo Flores no estaba cómodo. Hubo muchas salutaciones y sonrisas, pero muy poca sustancia conversatoria, lo cual pronostica una transición administrativa/operativa dispar.

Un guardia de seguridad de Astudillo Flores comentó a un colega periodista que el gobernador quería tomarse el mayor número de fotografías y charlar trivialidades, tratando de esconder su impaciencia para dialogar con “el mero-mero”. Una hora y media después de la parafernalia, Astudillo Flores y el senador Félix Salgado Macedonio se sentaron a platicar.

Trascendió que hablaron sobre el expediente judicial de Salgado Macedonio y de tres peticiones personales de Astudillo Flores. En los próximos días se sabrán los detalles de la conversación sostenida entre el gobernador que se va y el político que está detrás de la mujer que asumirá la gubernatura constitucional de la entidad. ¡Seguro que se los compartiré!

  • Las Golondrinas anticipadas en Acapulco.- Se filtró que el director técnico y administrativo del cabildo de Acapulco, Francisco Delgado García, externó a dos de sus colaboradores que todavía no se reúnen los documentos que integrarán los “libros blancos” para efectuar el proceso formal de entrega-recepción. Ni siquiera se ven signos de apuro por parte de los funcionarios designados a compilar dichas carpetas, no obstante la actual presidenta, Adela Román Ocampo, les solicitó ex profeso la conformación de tales documentos, debido a la extrema insistencia de la presidenta electa, Abelina López Rodríguez.

Lo que existe atrás de esta trama es que tanto Román Ocampo como López Rodríguez no se reconocen como iguales, toda vez que para la presidenta entrante, Román Ocampo llegó de “chiripa” sin ningún trabajo político previo, es decir, es una surfista que se montó  en la ola de López Obrador y llegó al palacio municipal de carambola y sin creerlo. Por su parte, Román Ocampo considera a la presidenta electa como una mujer de reducido intelecto y preparación, forjada en las calles y terrenos ocupados por paracaidistas, vendedores ambulantes y rodeada de oportunistas.

Las personas que rodean a Román Ocampo la han visto últimamente muy intranquila, toda vez que no sabe a ciencia cierta qué es lo que va a entregar, ya que Acapulco, véase por donde se vea, está hecho un completo y reverendo desastre. Enumero: 1) Carencia de agua potable en todas las colonias debido a una lamentable organización y operación del organismo regulador de agua y alcantarillado; 2) Invasión del comercio informal en las principales calles y avenidas de la ciudad; 3) Ineficacia en la recolección y manejo de desechos sólidos e hidráulicos, lo que ha producido no sólo una pésima imagen turística y urbana, sino que ahora es un foco generalizado de enfermedades y contaminación de la bahía; 4) Uso indebido de partidas presupuestales en obras y servicios públicos; 5) Manejos turbios de las nóminas y radicaciones presupuestales; 6) Organograma plagado de familiares y amigos; 7) Escasísimo mantenimiento de calles y plazas públicas y 8) Un cuerpo edilicio fragmentado por su impericia política, lo cual provocó omisiones, concesiones y despilfarros.

“La tiene muy, pero muy difícil la señora Adela Román” dicen las y los acapulqueños, y más complicado por el alejamiento demostrado por López Obrador durante su más reciente visita al puerto. Hasta ahora ha sido minimizada la información de que después del tour otorgado a López Obrador en sitios preparados por el ayuntamiento, el presidente de la República llamó en corto a Román Ocampo para decirle que hubiera sido mejor que ocupara el dinero público para arreglar baches y enviar pipas de agua a las colonias, en lugar de montar escenografías al más puro estilo priista y panista. ¡Recórcholis Batman!

Sus allegados repiten que con cada vez menos apoyos Román Ocampo no puede ocultar su preocupación y enojo. Ni con la portación de vestimentas y joyas costosas y llamativas puede esquivar ser etiquetada como incompetente y permisora de acciones corruptas.

Los que tienen contacto diario con ella -por interés u obligación- aseguran que al dejar la presidencia inmediatamente va a trasladarse a Cuernavaca, Morelos o la ciudad de Tlaxcala, Tlaxcala, en virtud de que no desea saber absolutamente nada de la ingratitud que percibe en Acapulco. ¿Por qué será?

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