POR: FERNANDO HINTERHOLZER DIESTEL

Vaya semana que tuvimos, con todo y los distractores semanales del presidente López Obrador (ahora es Videgaray y la Consulta), durante la primera semana de noviembre fuimos testigos de una de las elecciones más complicadas en la historia de Estados Unidos, desde la del año 2000, donde George Bush Jr, le quito la presidencia al entonces vicepresidente Al Gore, con los votos electorales del estado de Florida, en donde otro Bush era gobernador. Hay que señalar que los comicios 2020, marcaran con toda certeza el curso político, social y económico de los EU y seguramente del mundo. EL proceso electoral norteamericano se  desplego bajo circunstancias adversas, primero debido a la pandemia por el covid-19 que ha dejado como saldo a más de 10 millones de estadunidenses contagiados, y a casi 250 mil fallecidos, además de una crisis económica y social nunca vista desde la gran depresión de los años 30’s. Indudablemente fue una jornada marcada por la incertidumbre, cuyos resultados preliminares le daban la ventaja al candidato demócrata Joe Biden frente al funesto presidente Trump. Las estadísticas electorales dieron cuenta, que las principales ciudades con mayor población continuaron votando por el partido demócrata, mientras que los estados del centro estadunidense y de vocación agrícola, se inclinaron por los republicanos. Fue finalmente hasta el sábado 8, cuando se supo que Joe Biden había superado la cifra mágica de los 270 votos del Colegio Electoral (290) frente a 214 de Trump.

Por el bien de la democracia de Estados Unidos y de la geopolítica internacional, el triunfo de Biden puso sobre la mesa  una realidad innegable sobre el rechazo que empiezan a tener las democracias en el mundo, de aquellos políticos  populistas y desenfrenados que provocan (igualito que YSQ) la polarización social y que tratan de continuar de sus gobiernos a través de reelecciones sucesivas o cualquier figura que, esbozada con el antifaz de la democracia, y que intentan imponer el autoritarismo, tipo Maduro, Evo, Ortega, por mencionar a algunos dictadores de la región. Los populistas comenzaron a llegar al poder debido al cambio de paradigma de la población hacia los partidos y candidatos más ‘tradicionales’ que no lograron  hacer mucho  por mejorar los estándares de vida de los ciudadanos y que incurrieron en corrupción, más sin embargo, al realizar la comparación de resultados de ellos con el gobierno, por ejemplo, de populistas como Trump, Bolsonaro o AMLO al final la gente percibe que no ofrecen los resultados esperados y que todas sus promesas de campaña fueron sólo una gran mentira. El todavía presidente Trump (hasta el 20 de enero 2021), generó una gran polarización desde la presidencia, abusó del poder, se peleó e insulto a la comunidad internacional con una guerra comercial, implemento una política antiinmigrante feroz con la ayuda de López Obrador y su Guardia Nacional,  y obtuvo más de 70 millones de votos, de la población norteamericana que todavía hasta el 3 de noviembre lo veía como una opción real  para seguir gobernando a la Unión Americana, así de dividido deja Trump a su país. Un hecho significativo que mostro el hastió del “establishment” gringo fue que los medios de comunicación ya no toleraron más los abusos y excesos verbales de Trump, y suspendieron las transmisiones cuando Trump daba un mensaje a la nación plagado de mentiras y verdades a medias. Las cadenas de televisión americanas respondieron ante un Trump que buscaba cambiar la realidad con narrativas alternativas que, llamándolas por su nombre, pero que eran puras falsedades. 

Como dice el exembajador norteamericano Jeffrey Davidow experto en las relaciones México-USA en su artículo en el periódico Reforma 07/11/20, “Trump y AMLO han compartido una visión muy similar sobre la manera de gobernar, marcada en ambos casos por un desprecio de las instituciones establecidas y de los servidores públicos que las mantienen, así como de la prensa independiente que las protege. Ambos prefieren vivir dentro de una bruma nostálgica de un pasado perfecto y tienen una visión limitada sobre un futuro que acepta y aprovecha las nuevas realidades del mundo nacional e internacional. Son hermanos de diferentes madres”. Sopas perico diría mi compadre Galeana ante tal similitud. La política de sumisión de AMLO frente al gobierno norteamericano no ofreció nada nuevo a nuestro país, y en el futuro lo que sí pasará, es un deterioro en la relación bilateral, a menos que cambie el presidente mexicano su visión política y entienda que no puede decir una cosa y hacer otra, ni alcanzar compromisos y luego romperlos pensando que no habrá consecuencias. Los reclamos de las empresas energéticas norteamericanas por el cambio de reglas que en la materia que realizo el gobierno de la 4T tendrán una reacción severa del nuevo gobierno de Biden.

El proyecto original del presidente López Obrador por continuar con su proyecto de manera práctica, olvidándose de la ley y buscando la ”justicia”; distrayendo y no reconcentrando la atención; provocando, y no armonizando; dividiendo y confrontando, no termina de resolver los fines de la 4T, que más allá de su sesgo ideológico, está enfocado en la viabilidad de sus ideas en tiempos de pandemia, que va llevando al país al peor de los escenarios posibles. La gestión del presidente ha dejado mucho que desear en muchos frentes y que ya hacen sentir su descontento entre ciertos estratos de la sociedad y podría costarle miles de votos al proyecto de la 4T en los comicios del 2021. La sociedad y población estarían cobrando la factura del desdeño a la ciencia, de no usar y promover el uso del cubrebocas, de que los fallecimientos por el Covid-19 hayan superado todas las expectativas y que sean minimizados, el mentir compulsivamente, el desprecio al medio ambiente, el denostar y atacar a la prensa y medios de comunicación,  de no reconocer sus errores y de culpar de todo al pasado, de confrontar y polarizar  a la sociedad como una  estrategia continua y sostenida, tiene ya hartos a millones de mexicanos, que esperan los comicios del 2021 para evitar que vuelvan a ganar la mayoría de la cámara de diputados los morenos.

ES CUANTO

ADENDDUM: mientras que la burocracia de la 4T cometió en el 2019, cualquier cantidad de irregularidades en su actividad administrativa, y del monto total de observaciones detectadas por la Auditoria Superior de la Federación, el 54.6%, correspondió a falta de documentación comprobatoria; el 8.0% a pagos improcedentes o en exceso; el 6.5% a recursos o rendimientos financieros no ejercidos, devengados, ni comprometidos y sin ser reintegrados a la Tesorería de la Federación y el 4.9% a transferencias de recursos a otras cuentas bancarias. Las entidades con mayores irregularidades fueron los gobernados por Morena, mientras tanto AMLO no felicita todavía a Biden, más burros quizás en Marte.

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