Por: Alfredo Molano Jimeno

El mito del minero sostiene que el oro se esconde de quienes lo buscan con avaricia, con angurria, con ánimo de conseguirlo a toda costa para, una vez hallado, disfrutarlo en soledad. Y este es el espíritu con el que la multinacional AngloGold Ashanti viene persiguiendo la licencia de explotación de una mina de oro y cobre en Jericó, en el suroeste antioqueño. La avaricia se les nota cuando para obtener su licencia ocultan información, manipulan a las comunidades, excluyen a actores que se oponen a sus intereses y tergiversan la realidad utilizando información parcialmente cierta, ambigua o abiertamente falsa. Un proceder que quedó en evidencia en el documental Verde como el oro, dirigido por Isabella Bernal, quien siguiendo el rastro del oso andino y el curso de las aguas de la estrella hídrica La Mama desenterró algunas de las falacias sobre las que reposa el proyecto minero Quebradona.

En términos generales, el proyecto de la AngloGold planea sacar 4,7 toneladas de concentrado de cobre, oro y plata, con lo cual obtendría 12 billones de dólares de ganancias, y a las comunidades que perderán sus bosques, su agua y su paisaje de forma irremediable planean comprarlas con 42 millones de dólares, que representan sólo el 0,35 % de lo que la minera sueña con sacar de esta montaña, en donde nacen las aguas que alimentan el río Cauca. Para ello pretenden hacer cuatro túneles, cada uno de seis kilómetros, y un cráter de 800 metros de profundidad. El documental sobrepone la imagen de la maqueta digital del proyecto sobre las fotografías del paisaje donde se ubicarían y proyecta una animación de cuál sería el resultado de sacar los minerales. La imagen es contundente: un socavón pelado donde una vez hubo bosque, quebradas y animales.

La empresa ha tratado de excluir a Támesis del proyecto y, por lo tanto, de su plan de manejo ambiental. Sostiene que el proyecto Quebradona se circunscribe únicamente a Jericó y lo hace con tramposo cálculo, pues el lindero municipal se encuentra a apenas 300 metros de donde sueñan sus máquinas. Con esta exclusión, la AngloGold le apunta a sacar del debate dos elementos: por un lado, el oso andino, que no fue incluido en el inventario de mamíferos realizado por la minera. El oso andino o de anteojos es el único nativo de Suramérica y una especie endémica de los Andes tropicales que cumple funciones rituales y ambientales. “Es una especie de sombrilla que mantiene el orden del ecosistema porque de este dependen especies de menor tamaño. También se le conoce como el ‘jardinerito del bosque’, pues es dispersor de semillas que se le van pegando en su pelaje. Colombia es uno de los cinco países por los que este oso camina y debería ser visto como un tesoro más grande que el oro. La desaparición de su hábitat representa un problema no sólo para Colombia sino para la región, e incluso para el mundo”, explica Isabella.

El segundo actor excluido es el pueblo de Támesis, sus comunidades, entre ellas los embera chamí que habitan en el resguardo La Mirla, sujetos de protección especial que, según la ley, deben ser consultados previa, libre e informadamente. Una salvaguarda constitucional que las mineras odian y buscan cómo burlar a toda costa porque les pone “obstáculos”, les genera costos adicionales y retrasa sus tiempos de oro. No quieren explicar que van a intervenir un ecosistema complejo e integral, que van a destruir el entramado de rocas fracturadas que sirven de esponjas que capturan agua del aire y la lluvia y tienen corrientes subterráneas. Corrientes que la minera ha querido desconocer para no explicar que su plan de manejo ambiental no hace claridad sobre qué van a hacer con 119 millones de toneladas de residuos tóxicos en una presa de relaves secos a un poco más de un kilómetro del río Cauca. Y que esto significaría que después de su proyecto se perderían el 74 % de las especies mamíferas de la región, el 40 % de sus aves, y alrededor de 65.000 árboles serían talados. “Me vine buscando el oso y me encontré con el agua, con la montaña, con las tormentas eléctricas, con una comunidad que pasó de ser cazadora a protectora del ecosistema y sus especies. Gente que ya entendió que lo que hay que cuidar es verde como oro”, señala Isabella, mientras desea con toda su fuerza que el mito del minero se haga realidad y la riqueza se esconda de quienes la persiguen con avaricia.

 

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