Hace cinco años, el entonces primer ministro inglés David Cameron, atrapado por su falta de cálculo y el ala eurofóbica del partido conservador, se preparaba para el referendo del brexit. Finalmente, en junio de 2016, ganó la opción de dejar la Unión Europea (UE) por un margen de menos del 2 %. Así empezó un aparatoso divorcio cuyos efectos hasta ahora empiezan a manifestarse con todo su vigor.

Al cabo de arduas y aparatosas negociaciones y después de 47 años de un matrimonio mal avenido, pero, productivo, el Reino Unido se fue de Europa el pasado 31 de diciembre, justo cuando ese país enfrentaba un nuevo pico de la pandemia del COVID-19. Así coincidieron fatalmente las consecuencias económicas de los dos eventos.

La idea de que el Reino Unido debía abandonar la UE fue alentada durante años por políticos como Boris Johnson, que exacerbaron el nacionalismo en las capas más pobres y menos educadas de la población. Se les prometía que su situación mejoraría y dejarían de subsidiar los beneficios que recibían trabajadores e industrias al otro lado del Canal de la Mancha. En la votación del brexit el mensaje antieuropeísta hizo mella, gracias a una sofisticada campaña de desinformación a través de las redes sociales, especialmente Facebook, entonces tan tolerante.

En lo que va corrido de 2021, las empresas británicas, como era de esperar, ya padecen la amarga realidad de no formar parte de la UE, adonde enviaban la mitad de sus exportaciones sin traumatismos de aduanas ni aranceles. El comercio de doble vía colapsó y ahora la mayoría de los camiones se devuelven vacíos del puerto de Dover.

Ámsterdam, Fráncfort y París le han quitado a Londres su preponderancia como centro financiero. En medio de la peor recesión de su historia, el empleo, las industrias culturales, la pesca, el turismo y en general todos los sectores de la economía británica padecerán por varias generaciones los efectos del brexit.

Esta tragedia histórica demuestra el inmenso daño que el populismo puede infringirle a una sociedad a través de la manipulación en las redes sociales. Es el mismo patrón de la elección de Trump en 2016, y no es una coincidencia.

 

@jcgomez_ja

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