Mauricio Alvarado Lozada

Cuidado con el cuarto pico de la pandemia. Colombia viene celebrando varias buenas noticias en la lucha contra el COVID-19 y en la ejecución del Plan Nacional de Vacunación. Sin embargo, todos los expertos y el mismo Ministerio de Salud han advertido que no podemos bajar la guardia. Considerando varios factores, incluyendo el relajamiento por parte de las personas vacunadas, no estamos tan lejos de una situación como la que se ha visto lastimosamente en países de Europa. También se están presentando datos frustrantes de personas en edades vulnerables que no han querido vacunarse, así que están en riesgo. La presencia de variantes más contagiosas son un reto que no da tregua.

Nunca como ahora debemos ser más proactivos en vacunarnos y en aislarnos si sospechamos contagio. Ya no hay excusa, todos los grupos de edad están abiertos”. Después de los meses del tercer pico, en el que superamos las 500 muertes diarias, ya llevamos varios días por debajo de las 100 personas fallecidas. Dicho eso, no es momento de cantar victoria: decenas de personas muriendo por una enfermedad que podríamos controlar y prevenir con vacunas y cuidados sigue siendo una tragedia y un fracaso de nuestra sociedad.

Entonces, si vamos tan bien, ¿por qué estamos ahora prendiendo las alertas por un posible cuarto pico? La advertencia ha venido desde el Ministerio de Salud, del gremio de las EPS privadas y de varios expertos médicos. También está la larga sombra que arrojan los países europeos con rebrotes que han llevado a nuevos confinamientos, mientras que en Estados Unidos hay una terrible pandemia de no vacunados. Eso, unido a la indisciplina social, a la inminente época de vacaciones de mitad de semestre y al relajamiento de las restricciones, es la fórmula para el peligro.

Persisten dos problemas con el Plan Nacional de Vacunación. Las personas en las ciudades más grandes del país se han quejado de la falta de segundas dosis de Moderna y Sinovac. Eso ha evitado que muchos de ellos completen su esquema de protección y redujo el número de personas inmunizadas que se había esperado. Sobre las Sinovac, el Gobierno acordó con el sector privado el préstamo de 200.000 dosis que no usaron las empresas. Al cierre de esta edición, el Ministerio de Salud anunció la llegada de 620.100 dosis de Pfizer. Mientras tanto, a las personas que vacunaron con Moderna les aplazaron las segunda dosis hasta por tres meses. Es una situación lejos de ser ideal, pues genera desconfianza en el proceso y aleja al país de la inmunidad de rebaño.

El segundo problema involucra a cerca de 2’500.000 personas mayores de 50 años que no han querido vacunarse. El Gobierno ha iniciado un proceso ambicioso de búsqueda y persuasión, pero seguimos avanzando con lentitud. La desinformación, los temores y la desidia han marcado la actitud de quienes no han querido recibir las vacunas. El problema con esas posiciones es que nos afectan a todos, pues permiten que el virus siga circulando, mutando, infectando personas y, sí, cobrando vidas.

Entonces, debemos seguir insistiendo. Vacunarse salva vidas. Tenemos al COVID-19 contra las cuerdas, pero la pelea aún no está terminada.

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