Por Enrique Silva M.

 Una y otra vez fanáticos religiosos y algunos otros que se quieren hacer los simpáticos utilizan esa palabra cuando se presenta un fenómeno natural de impacto o una situación poco común, buscando que la gente reflexione o se dé cuenta de que no está haciendo lo adecuado y debe corregir su accionar…el problema es que las personas ni se arrepienten ni corrigen.

 Desde hace mucho se viene advirtiendo sobre el cambio climático, la necesidad de respetar al medio ambiente, dejar de deforestar, de arrojar aguas residuales a los cuerpos de agua, reducir emisiones contaminantes, eliminar detergentes y aerosoles, etc ¿y que se hace? todo lo contrario, pareciera que la instrucción es destruye y acaba con la naturaleza, aun cuando sean tan evidentes las respuestas de la naturaleza clamando auxilio, comprensión y respeto y en casos extremos reclama con eventos destructivos que destruyen y cobran víctimas

 De que la gente se arrepienta por destruir el entorno ni hablar y cómplices son las autoridades por permitirlo o incluso fomentarlo, ya ve que en nuestro país seguimos apostándole a energías obsoletas, a seguir enterrando la basura y a colocar cemento dónde hay vegetación, la inconsciencia del progreso mal entendido se impone generalmente por la ambición y el beneficio económico.

 Actualmente se sufren pérdidas económicas por viviendas construidas de manera y con material deficiente que resultaron dañadas por los sismos, pero ya hemos sufrido pérdidas similares en otras por estar construidas en zonas inundables y estamos hablando de viviendas autorizadas por las autoridades, no necesariamente de viviendas irregulares.

Es evidente que ni empresas ni autoridades se arrepientes de sus acciones, como sea ya obtuvieron sus ganancias económicas aún a costo de vidas y del patrimonio de terceros y aun así…¡no creo que se arrepientan ni tengan el más mínimo remordimiento!

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