Jorge Laurel González

No se puede ganar una guerra, como tampoco se puede ganar un terremoto. 

Jeanette Rankin (1880 – 1973) Primera mujer congresista en USA. Pacifista. 

Eran las 8.47 p.m. me dirigía a Home Depot, para comprar algunos enseres para el restaurant, antes 

había estado en mi oficina, trabajando normalmente, pese a que iba en mi vehículo, pude darme 

cuenta que el suelo empezaba a moverse, como estaba en el exterior, fui testigo de las famosas 

luces que se denominan triboluminiscencia, producto de la fricción, es la emisión de luz posterior a 

una deformación o a una fractura vía mecánica o térmica. 

El término procede del griego τριβείν (“tribeín”), frotar, maltratar, y del latín lumen, luz. Se trata de 

un fenómeno óptico que se genera cuando algunas especies químicas y determinados materiales 

están sometidos a trituración, tensión, agitación, estrés térmico o cualquier otro procedimiento que 

conlleve ruptura de enlaces químicos. La manifestación es impresionante, solamente se producen 

en el 0.5 % de los terremotos, así que fuimos testigos de un fenómeno inusual. 

Decidí regresar de inmediato a mis negocios y checar que mis padres estuvieran bien. Todo en 

orden, afortunadamente, daños menores de cristales, botellas y vasos que se rompieron, pero 

ningún lesionado, nada grave que lamentar. Mi familia estaba bien, nos dedicamos a atender y dar 

seguridad y tranquilidad a nuestros clientes y huéspedes del hotel. Las réplicas se sucedían la 

primera fue muy fuerte (5.2) generando miedo en nuestros visitantes. El personal estuvo a la altura, 

tranquilizando a nuestros turistas, quienes permanecieron afuera de las instalaciones durante un 

tiempo.

Ya por la noche mi pareja y yo pernoctamos en casa de mis padres, en este tipo de situaciones, 

vuelves a confirmar que los más importante de todo es la familia, surge imperiosa la necesidad de 

estar juntos, de apoyarse como familia, entre todos nosotros. Somos solidarios. Las réplicas la gran 

mayoría imperceptibles, suman hasta el momento que estamos realizando esta columna, 411

movimientos sísmicos. Durante la noche inmediata al terremoto, no nos dejaron dormir, ya que 

muchas se hacían notar. La angustia se respiraba en el ambiente y el temor estaba todavía a flor de 

piel. 

Poco a poco la intensidad y la frecuencia de estas fue decreciendo, aunque todavía hace unos 

minutos, tuvimos una réplica de 4.0 a las 2.52 p.m. 

Al día siguiente hicimos el recuento y el inventario de los daños. Nos enteramos del fallecimiento 

de un joven de 19 años, en Coyuca de Benítez, que venía manejando su motocicleta y una señora 

de Acapulco, que falleció también después de hospitalizarse, por la caída de una barda, nos 

enteramos de los daños materiales en muchas unidades habitacionales, que deberán ser valoradas 

por protección civil. 

El gobernador Astudillo solicitó que se declarara zona de desastre, antes esto era necesario para 

que se liberaran recursos del FONDEN, ahora no existe tal fideicomiso, y esperamos que exista la 

voluntad política del señor presidente de la República, de encauzar recursos hacia Guerrero, como 

apoyo a las personas que fueron afectadas. 

Una barda de SEDENA se vino abajo y produjo pérdida total de un vehículo rentado por la familia 

Carranza Almaguer, cuando venían de regreso de Pie de la Cuesta. Los Carranza son una familia 

acapulqueña que ha emigrado desde hace años a Cancún, Vallarta y Monterrey (son varios 

hermanos), pero que se encontraban aquí en reunión familiar, dado que conservan la casa de sus 

padres. 

Libros, discos, botellas, vasos, vajillas completas, volaron de las alacenas, hasta estrellarse con el 

suelo, en la casa de un amigo se desprendió el acabado de mampostería del techo y dejaron 6 kilos 

y medio de escombros sobre su cama. 

La actitud imperante entre la sociedad fue de solidaridad inmediata, personas ofreciendo refugio, 

preocupadas por el amigo, el vecino, el familiar. Las líneas telefónicas se colapsaron. La energía

eléctrica se suspendió en buena parte del puerto, en los minutos y en ocasiones horas, después del 

sismo. 

No había un terremoto como el que sufrimos, desde 1909. Fue un sismo ocurrido alrededor de las 

4:30 a.m. hora local del viernes 30 de julio de 1909, que alcanzó una magnitud de 7.5. Su epicentro 

se localizó en la región Costa Grande. El sismo y sus posteriores réplicas dejaron al puerto 

de Acapulco en ruinas luego de que dos años antes fuera devastado por el terremoto del 14 de abril 

de 1907. En el puerto solo se reportó la muerte de dos niños luego de que su hogar se derrumbara 

en la calle del Barrio Nuevo (hoy avenida Cuauhtémoc) y un gran número de personas con heridas 

menores. Los daños materiales en aquel tiempo, también fueron importantes: 

Se sufrió el colapso de la parroquia principal del puerto (hoy Catedral de Nuestra Señora de la 

Soledad), la pérdida total del mercado de la plaza Álvarez, el derrumbe y pérdida total de la casa 

Alzuyeta y Compañía, una de las casas comerciales más ricas del puerto en aquel entonces,

(reconstruida años después). Daños parciales y pérdidas totales en numerosas casas del puerto.

En ese tiempo el sismo se sintió de nueva cuenta con una intensidad considerable en la Ciudad de 

México, allí se registraron daños en Palacio Nacional, así como el derrumbe de algunas casas de las 

colonias Roma, Hidalgo, Morelos, la Bolsa, el Imparcial y San Pedro de los Pinos.

Hoy también hubo daños materiales importantes en la capital del país. 

Nos sentimos en ocasiones impotentes ante este tipo de males inevitables, más aflora de inmediato 

en nuestro ser, la verdadera empatía y solidaridad. Esa que nos hace diferentes de otras especies, 

aquello que nos hace seres humanos con alma y con destino. Creyentes en un Dios que nos da 

fuerzas para soportar estos infortunios. 

Esperamos que el próximo terremoto, se presente cuando menos, en cien años. 

Y que siempre, todos Juntos, Logremos Generar: Propuestas y Soluciones.

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