POR: FERNANDO HINTERHOLZER DIESTEL

Después de 21 meses de gobierno, con una administración pública desmantelada, organismos autónomos seriamente vulnerados, un mandato autócrata y en medio de tres terribles crisis, el gobierno de López Obrador insiste en sus obras emblemáticas, castigando presupuestalmente al país, al no implementar una política pública anticíclica para reanimar la economía, como han hecho en casi todos los países. Uno de los sectores más afectados son las mujeres. Ya que las políticas públicas y la agenda para buscar justicia para las víctimas de violencia de género en el país, incluyendo la violencia cometida por el Estado, se encuentran ausentes, despreciadas e ignoradas por las autoridades federales, léase SEGOB y Presidencia de la República. Los organismos autónomos, tales como la CNDH, y las comisiones de Atención a Víctimas, de Búsqueda de Desaparecidos, y de Atención a la Violencia contra las Mujeres, están funcionando sin una Titular y sin prácticamente presupuesto para realizar sus funciones sustantivas para las que fueron creadas. Esto es, sin lo más elemental para atender a las mujeres, adolescentes y niñas que requieren su urgente apoyo. El desdén del presidente López Obrador hacia la violencia contra las mujeres, se incrementa conforme el tiempo de su administración pasa. Durante el 2o informe de gobierno, tuvo el cínico descaro de anunciar, que ya no había desapariciones en el país. Fue una falta total de sensibilidad y de respeto a las mujeres que sufren por un familiar desaparecido y por los que se agregan cada día. Debido a la indiferencia del gobierno federal ante tales hechos, la CNDH, supuestamente encargada de vigilar y proteger los derechos humanos, fue tomada indefinidamente por las víctimas de feminicidio para hacerse visibles y llamar la atención de las autoridades, que parece ser provienen de un patriarcado ancestral y nomás no voltean a ver la contingencia de violencia cada vez más acentuada, hacia las mujeres. Tal parece una barbaridad o un contrasentido, pero deja ver con claridad que las mujeres no son visibles en las prioridades del gobierno “lópezobradorista”, porque sus causas no son parte del proyecto de la 4T, a pesar del compromiso con la igualdad en “el mapa de la inseguridad nacional”. 

Nuevamente las protestas de las mujeres vuelven a resurgir, después de las intensas manifestaciones callejeras de los meses de febrero y marzo, con la reciente toma de las instalaciones CNDH en ciudad de México, y es hoy por hoy, el movimiento de oposición más radical que enfrenta el gobierno federal. Es la expresión más radical de la lucha social feminista, tanto como el movimiento con menor espacio propio en su proyecto de transformación. Su presencia es una relación genérica de los principales programas presidenciales,  ya que al no existir políticas públicas específicas para dar respuestas a sus demandas de género, de no más violencia, de más trabajo y equidad, los grupos feministas que tomaron la CNDH para convertirla en refugio para las víctimas quieren enseñar, con su actuación, una profunda crisis de las instituciones, en especial de los organismos autónomos y demás encargados de cuidar y atender la violencia contra ellas. Es a través de sus demandas que reflejan, el autoritarismo creciente, en la centralización de funciones de la administración pública bajo la administración de López Obrador y el debilitamiento natural de los órganos especializados de atención a mujeres víctimas de violencia. Tal es el caso de la CNDH, que fue severamente alienada con la llegada de Rosario Piedra, sin experiencia alguna en la materia e impuesta con una mayoría tramposa de Morena en el senado de la república. Dramáticamente inhabilitada para defender y proteger a las víctimas, y a las mujeres en especial, dado que el Primer Mandatario no las considera una necesidad de su administración y de esta manera se quita un contrapeso importante, pero se violenta flagrantemente el artículo 1 de la Constitución Política de los EUM.

La política pública en materia de protección a las mujeres de la violencia a que son sometidas está únicamente en el discurso presidencial, es pura demagogia, y no en las instituciones públicas y organismos. De acuerdo con cifras de Observatorio de Violencia contra las Mujeres, “en el país es asesinada, en promedio, una mujer cada dos horas cada día y el feminicidio se ha incrementado 7.7% con López Obrador”, aunque él diga que tiene “otros datos”, obviamente para negar el problema y, con frecuencia, señala manipulación de sus enemigos los “conservadores” en el movimiento feminista. Con estas acciones, no hace más que aumentar el coraje de las mujeres, que constatan su diagnóstico sobre la indolencia, omisión y negligencia de la autoridad como fuente de las agresiones. “De enero a julio, los feminicidios aumentaron 7.7% con respecto al año pasado. Así la progresividad: en enero se registraron 74 feminicidios, en febrero, 92; en marzo, 78, en abril y mayo, 73; sin embargo, en junio el número aumentó hasta 99, lo que implica el pico más alto en lo que va del año”. Dos mil 240 mujeres han sido asesinadas por el hecho de serlo. Según el último informe de la Red Nacional de Refugios,” las cifras de violencia contra las mujeres han aumentado considerablemente reportándose 10 asesinatos al día en nuestro país. De enero a Julio de 2020 se registran 549 feminicidios”. En contraste a estas terribles estadísticas, el gobierno continúa disminuyendo el presupuesto para luchar contra los distintos tipos de violencias contra las mujeres en México. 

De acuerdo con las expertas sobre el tema de la violencia contra las mujeres (Lagarde y Lamas), el mayor énfasis debe ponerse en la prevención. “Las niñas y mujeres violentadas son muchas, brindarles atención es lo urgente y no admite más retrasos.  Si lo dejamos de lado, veremos que por más que atendamos y aliviemos el dolor de esas tantísimas, las cifras del horror, como nos ha sucedido, seguirán creciendo, así como han crecido las formas, los tipos, las modalidades de la violencia. La prevención es un trabajo delicado y complicado”. Pero es el punto inicial de una verdadera política pública para proteger a las mujeres. El desafío del gobierno y de la sociedad civil, en estos tiempos, es lograr la igualdad, la no discriminación y la protección integral de los derechos de las mujeres en el país, y en las 32 entidades federativas

ES CUANTO

 

ADENDDUM: publica el brillante escritor español Arturo Pérez Reverte en Milenio hace un par de días, “una república necesita un presidente culto, sabio, respetado por todos. Un árbitro supremo cuya serenidad y talante lo sitúen por encima de luchas políticas, intereses y mezquindades humanas”. Que lejos estamos en México de contar con una figura así.

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