POR JORGE CAMACHO  

Llama la atención que la explosión de un coche bomba, el 4 de este mes, en Acapulco, apenas haya interesado a lo medios de comunicación, fuera de la acostumbrada nota informativa. El estallido de un artefacto situado dentro de un carro es un salto cualitativo en la escalada de violencia del estado de Guerrero. Este tipo de tácticas se emplea para sembrar el terror de la población. Literalmente es un acto terrorista que persigue conmocionar a los guerrerenses mediante explosiones arbitrarias sin otro objetivo que el temor.

Coche bomba o coche trampa o bomba trampa, herir y matar es su objeto. La aparente carencia de un objetivo definido desorienta al principio. En realidad ese es justamente su propósito: desconcertar causando el mayor daño posible.

La subversión en el país y en Guerrero tiene antecedentes muy claros, y este es un acto subversivo y de intimidación, es un acto de demostración de fuerza y de poder de quien lo haya ideado y operado.

Los coches bombas son una escala mayor de la delincuencia, o mejor dicho, del crimen organizado. Colgados y decapitados han sido hasta ahora las acciones más escalofriantes impulsadas por el crimen organizado.

La diferencia es evidente, las primeras estaban dirigidas a objetivos precisos, el segundo es indiscriminado. La escalada en las tácticas de violencia son obvias.

Más preocupante es el uso de técnicas identificadas con grupos terroristas. Para el terrorismo, la violencia es un medio no para ajustar cuentas con rivales o cuerpos de seguridad, sino en contra del Estado.

Parece que ahora el enemigo ya no son los grupos rivales sino el estado mismo, en este caso el gobierno del estado de Guerrero. A los enfrentamientos para dominar plazas y regiones, se suma ahora una violencia dirigida en contra de un gobierno democrático, legalmente constituido. No es únicamente el escarmiento ejemplar sino la amenaza en contra de los representantes de los ciudadanos. No están claras las intenciones. No hay reivindicaciones de ningún tipo. Todo indica que la violencia en contra de la sociedad busca generar un clima de desorden y anarquía que facilitaría las operaciones de las bandas criminales.

Si no se atienden las causas de estos atentados de manera inmediata y con carácter de urgencia se corre el riesgo de que se generalizarse por todo el país, lo que llevaría a México a un estado de caos inasumible.

Los actos de terror junto con la violencia desatada arrinconan a una población indefensa, impotente, inerme. No puede tensarse esta situación puesto que podría traducirse en una revuelta social de incalculables consecuencias. La situación es delicada, pero la inacción de las autoridades no augura nada bueno. El gobierno, en cualquiera de sus tres niveles, tiene que trabajar de manera eficiente para enfrentar la nueva ola de violencia.

DIACRÍTICO.- El país se juega mucho para no darle al atentado la importancia debida. Lo que hoy es ocasional, mañana será rutinario.

jcamacho68@gmail.com

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