Por Enrique Silva M.

Con los recientes hechos de violencia en la UNAM y en la búsqueda de explicaciones o culpables todo mundo se hecha la bolita cuando en realidad le hacen como dice el dicho “al Tío Lolo” (tarugo el solo), cuando es por todos sabido o cuando menos por todo aquel que ha estado en una universidad o normal pública del país que existen grupos de PORROS que son patrocinados, solapados y fortalecidos por las propias instituciones como grupos de choque con fines poco claros o cuando menos poco claros por el bienestar de la educación.

Histórica ha sido la existencia de esos grupos porriles que son capaces de actos vandálicos como los de hace una semana para acallar protestas, hasta las crueles y violentas novatadas, iniciaciones o los saqueos que practican en total impunidad, resultando intocables para toda autoridad policíaca.

Conocidos “fósiles” controlan esos grupos delictivos tolerados por Rectores y Directores, personajes que no debieran por que estar dentro de una institución educativa por estar desfasados en edad o por sus antecedentes, pero que con todo el conocimiento e insisto PATROCINIO de autoridades escolares tienen el control generalmente de manera violenta de los planteles.

Éstas historias no son nuevas ni tienen que sorprendernos, lo sorpresivo sería que se actuara de tajo, que se eliminaran de manera definitiva esos grupos delictivos encubiertos como estudiantes, debiera ser pues, parte de la cuarta transformación que se propone, los estudiantes, padres de familia y la propia educación en el país lo agradecerían, de no hacerlo así le seguirán jugando AL TÍO LOLO y con mayores y peores consecuencias,

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