Por  Ofelia Reza.

 

Las mujeres en prisión requieren especial atención, este tema no se ha tocado por ninguno de los candidatos que conforman “El club de Tobi” y  la única mujer está afuera de la contienda por decisión propia.

Hasta agosto de 2017 el sistema penitenciario nacional estaba integrado por 378 centros, de los cuales solo 16 son exclusivos para albergar población femenina (15 estatales y uno federal) y 198 considerados mixtos, por lo que en 214 centros del país se albergan mujeres. La población penitenciaria del país ascendió a 230,519 personas internas, de las cuales 11,901 eran mujeres.

La mujer presa está alejada de su entorno social, lo que trae como resultado el desarrollo familiar. Lo que se traduce en afectación al principio de seguridad jurídica y el derecho a la reinserción social.

Las mujeres en prisión no tienen una adecuada defensa jurídica de sus derechos al no tener una oportuna defensa, resultando perjudicadas en sus procesos penales, los que son más lentos, onerosos o con repercusión en sus hijos, los que en la mayoría sufren descuido.

En la actualidad, cada vez es mayor su detención por crímenes perpetrados en asociación y en contra de personas ajenas a su círculo cercano o familiar.

De acuerdo con la información de la asociación civil Equis Justicia para Mujeres, tienen los siguientes datos:

  • El 98.4 % es primero delincuente sin antecedentes penales.
  • 9 de cada 10 no estaban armadas.
  • El 90% tienen hijos y dependientes económicos.
  • La edad promedio es de 18 a 40 años.
  • El 60% no ha concluido la educación secundaria.
  • Reportan historias de vida con violencia física o sexual.
  • En el caso de mujeres indígenas, los datos muestran que el 43% de las que son encarceladas en su mayoría son por narcotráfico al ser usadas como “mulas” (persona que transporta droga con consentimiento o sin él).

Las mujeres en reclusión son para la mayoría, cifras y ni siquiera eso. Son personas invisibles para nuestro sistema. Debemos rescatarlas como personas que requieren atención, un trato digno y respeto a sus derechos humanos.

Capítulo aparte son sus hijos de algunas de estas mujeres los mantienen con ellas en los centros penitenciarios. Estos niños no tienen el derecho fundamental de crecer en familia y en un ambiente social conveniente para su desarrollo. Estos niños en cautiverio no reciben en muchos casos educación especializada ni el afecto necesario al carecer de un entorno familiar. Escribiremos próximamente de este tema “Los niños invisibles” son muchísimos en la cárcel, en calles y asilos, para los candidatos solo son fantasmas.

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