Por Julio Zenón Flores Salgado

Ricardo Taja Ramírez, el ex candidato del PRI a la presidencia municipal de Acapulco, que hizo una campaña masiva en el 2018, pero fue devastado por la ola del tsunami lopezobradorista, parece ahora entrampado en una jugada que le puede arrinconar. 

Como buen jugador de paddel, el empresario y político acapulqueño supone que, si repite el saque hacia la misma ruta, volverá a perder el partido y ha decidido cambiar de jugada, pero erróneamente se quiere pasar a la cancha de su competidor.

A principios de año en una conversación con un par de reporteros que lo abordaron en la presentación pública de la obra de construcción del nuevo estadio del abierto mexicano de tenis, en donde se le vio acompañado del subsecretario de turismo Noe Peralta, dejó entrever que se alejaría del PRI y buscaría nuevos horizontes. A la pregunta de su cercanía con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), no le dio muchas vueltas, en esa ocasión, y admitió que estaba en plática con ellos.

Lo novedoso, según diversas fuentes, es que ahora los ve como un puente hacia el partido que le derrotó en el 2018 con una campaña casi sin dinero y a medio gas: Morena, al cual ve sin cuadros capaces de administrar el municipio más grande y problemático del estado de Guerrero.

En un juego de paddel se diría que Taja Ramírez está a punto de perder el tanto, por tratar de devolver la pelota antes de que sobrepase la red y ese tipo de errores sólo se comete cuando se es novato en ese tipo de juego o se está muy desesperado.

La pelota ni siquiera ha sobrepasado la red. El partido Verde en Guerrero sí puede estar buscando atraerlo a su cancha, pues al mismo tiempo que lo mueve de la cancha tricolor recibe a un joven emprendedor que no quedó mal posicionado en la pasada elección y que podría no ser mal visto en un segundo lance en el 2021, pero ese partido -El PVEM- no es ninguna garantía de un juego duradero y estable.

Sólo hay que recordar la experiencia vivida en el Verde por otro joven emprendedor, Joaquín Jacko Badillo, a quien atrajo, exprimió, le hizo financiar campañas, que les consiguiera votos, que les diera posiciones y después…lo dejaron sólo y hasta se deslindaron de él, cuando más los necesitó, en aquel momento climático en que Jacko apareció con unos tiburones bastante jóvenes.

Por otra parte, habría que tomar con reservas eso de que Morena no tiene cuadros para candidato a la alcaldía de Acapulco. Si algo le sobra al partido de Andrés Manuel López Obrador, son aspirantes a esa posición. A vuelo de pájaro debe tener al menos una decena de diputadas federales, diputadas y diputados locales, síndicos y regidores y otros personajes que se quedaron en la lista de espera en el 2018, lo cual hace ver muy sinuoso el camino por el cual el PVEM lo pudiera hacer candidato en alianza con Morena.

La alternativa pudiera ser que el PVEM lo postulara para enfrentarlo tanto al PRI como al propio Morena y al PRD y demás partidos políticos que lucharán por todo por conseguir la joya de la corona, como se le conoce a Acapulco en el argot del análisis político, pero en este campo no siempre funciona la lógica.

Más allá de que enfrentar al PRI es traicionar a su impulsor el gobernador Héctor Astudillo Flores, quien le ha dado todo lo que ha hecho en su incipiente carrera política, habría que considerar si el PVEM se atrevería a hacer una jugada de ese calibre, que pondría mal parado al titular de la Secretaría del Medio Ambiente y recursos naturales de Guerrero (Semaren), Arturo Álvarez Angli, a la vez líder estatal del partido Verde.

¿Apoyaría Arturo Álvarez una jugada que afecte al PRI, partido con el que se ha mantenido aliado por años, y a su jefe y amigo el gobernador Astudillo? Aún más, ¿desaprovecharía Arturo Álvarez la posibilidad de asumir la senaduría por el tiempo que le reste cuando la deje el titular Manuel Añorve Baños, para ir a competir por alguna posición en la elección del 2021?

Pero como es obligado explorar todas las variables posibles, valdría la pena que Taja considere los otros escenarios, para no irse de boca a una aventura, en donde termine desechado, como le hicieron a Jacko Badillo.

Es obligado analizar, por ejemplo, si Manuel Añorve compitiera, no por la gubernatura del estado, sino por Acapulco, o si lo hiciera el mismo René Juárez Cisneros, dos de sus mentores políticos ¿Los enfrentaría? ¿Lo haría de manera exitosa? Y que compitan por Acapulco, tanto Añorve como Juárez Cisneros, no es ninguna metáfora descabellada, pues sobre la mesa del PRI está también la posibilidad de que cuadros como ellos, al igual que Mario Moreno Arcos, en Chilpancingo o Alicia Zamora en Chilapa o Héctor Apreza Patrón en Olinalá, vayan por los espacios de los municipios, en una estrategia de resistencia y acumulación de fuerzas desde las regiones, donde Morena y el propio López Obrador, son menos consistentes.

Competir contra este tipo de cuadros experimentados tiene altos riesgos, pues nadie ignora que ellos tienen muchos puentes que los unen a personajes emblemáticos a la hora de tomar decisiones en Morena: ¿Alguien duda de la amistad de Añorve con Ricardo Monreal o con el propio Félix Salgado? ¿O de la amistad de René Juárez con Mario Delgado y con Porfirio Muñoz Ledo? ¿O de Mario Moreno con John Ackerman? El riesgo evidente es que los amigos al menos le resten apoyos, en caso de enfrentarse.

Ya visto de conjunto, traicionar a su partido el PRI y a su impulsor el gobernador Astudillo, para intentar irse por Morena o por el PVEM, no parece una jugada muy inteligente de Ricardo Taja, es al menos una jugada de alto riesgo.

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