Por JULIO ZENÓN FLORES SALGADO

El ejercicio del periodismo en México llega a este 7 de junio de 2019, enfrentando su mayor desafío.

 

Hay cambios profundos en el contexto científico, tecnológico, social y político que nos obligan a cambiar, como lo hace toda especie en riesgo de extinción para no desaparecer.

 

Hay muchas cosas sobre las que quisiera hablar, pero me centraré solamente en dos de ellas que considero de vital importancia:

 

1.- ¿Qué hacer con los periodistas que llegaron a una edad avanzada, sin pensiones, sin empleo y sin posibilidades de incorporarse al caudaloso río de las nuevas tecnologías?

 

2.- ¿Debe o no el periodista recibir subvenciones del Estado?

 

Las nuevas tecnologías que parieron a las redes sociales han empoderado a los ciudadanos, arrinconado a los medios tradicionales, prensa radio y televisión y comprometido seriamente a los periodistas que no han entendido las nuevas circunstancias y sin embargo, hay un sector de grandes periodistas que arribaron a esta etapa del desarrollo sin la formación, sin el equipo y sin las posibilidades de incorporarse a su control y uso.

 

Eso desde luego no los hace menos periodistas que los jóvenes nativos o migrantes digitales. Podrán no ser influencers o youtubers, pero han aportado a lo largo de su vida mucho a la construcción de un acervo cultural e informativo, que ha servido para construir lo que somos como país y como ciudadanos.

 

Esos Periodistas, mayores de 65 años de edad necesitan del apoyo del Estado mexicano, para recibir una jubilación digna, no obstante que mucho tiempo atrás hayan abandonado a las empresas que les dieron nombre y espacio para sus publicaciones y que se hayan mantenido desempeñando su labor periodística como freelancers.

 

Creo que sería una obligación del estado mexicano tutelar ese derecho a la jubilación.

 

Y lo creo, porque sostengo que la actividad periodística contribuye a formar ciudadanía, es el medio sine qua non para que las autoridades puedan cumplir con su obligación de transparencia y se haga cumplir el derecho humano a la libre expresión y el derecho civil a la libertad de prensa.

 

Sin el periodismo la libertad de prensa no puede existir y el periodismo es una actividad desempeñada por periodistas de carne y hueso, que todos los días recogen la voz de los sin voz, el sentimiento de la gente, de esa gente genéricamente llamada pueblo y que camina por las calles, trabaja va a la escuela o está en las plazas exigiendo sus derechos.

 

Somos pues, parte intrínseca de la construcción de la democracia y como tal formamos parte del Estado mexicano, con mayúsculas, como lo definió Antonio Gramsci, y por lo tanto debemos ser considerados como una actividad de interés público.

Propongo, por ello, que se destine un presupuesto de forma similar a la forma en que se destina a los partidos políticos, cuya actividad es subvencionada por el Estado y les dan recursos para que puedan poner imprentas, difundir sus ideologías, capacitarse, rentar oficinas, e incluso profesionalizar a sus dirigentes.

Así creo que debe establecerse un mecanismo de asignación de fondos para el la jubilación de los periodistas mayores de 65 años de edad y además, para el desempeño de la actividad periodística, elaborar un registro de medios de comunicación, establecer criterios abiertos de asignación de la subvención y designar un organismo autónomo como el INE, que se encargue de esa función. De esta manera, aunque el estado subvencione una actividad de carácter público, no compraría conciencias ni línea editorial, sino que daría a los medios la misma autonomía que tienen los partidos políticos, con la misma obligación de rendir cuentas de la forma en que se emplearan estos recursos.

 

Por otro lado, tenemos que tomar medidas para recuperar la credibilidad de las audiencias, no del gobierno, sino de las audiencias, en ese sentido regresando al origen: recuperar la objetividad, la precisión, la confiabilidad, la verosimilitud y adaptar los mensajes a las nuevas tecnologías.

 

En ese sentido es necesario exigir a las autoridades que se transparenten los presupuestos de comunicación y sus políticas y reglas de operación. Terminar con la discrecionalidad en el manejo de esos recursos que no son de ellos, sino de todo el pueblo, y que ya no sean más para ayudar a los amigos o amigas, o para trabajo sucio.

Hay que plantearnos los cambios internos en el gremio periodístico, tanto tecnológicos como deontológicos y para decirle al gobierno de la nueva transformación que no somos sus enemigos, que no tenemos fierros políticos, pero que tampoco podemos ser su aliados, que somos si, parte de esa sociedad pensante que puede ayudar a construir una sociedad mejor, pero desde un ejercicio libre, con apoyos del régimen, propios de los apoyos destinados a las instituciones democráticas, que no comprometan nuestra línea editorial, pues de hacerlo, estaríamos regresando al viejo régimen.

Queremos políticas públicas de respaldo a la prensa, pero a una prensa libre, ética y profesional.

zenon71@hotmail.com

 

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