Juan José Romero

El obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza reconoció temer por su vida cada que cuide a su labor de pacificación en la sierra del estado, sin embargo, se encomienda a Dios para que lo proteja.

En entrevista el jerarca católico dijo que en su labor de diálogo que mantiene con los líderes de los grupos delincuenciales que operan en los municipios de Leonardo Bravo, Heliodoro Castillo y Eduardo Neri le ha tocado “subir” a las comunidades serranas después se suscitarse balaceras entre estos grupos, “no hay una sola persona” en el camino.

“Claro que da miedo, sobre todo me ha tocado subir después de las balaceras a esas comunidades no encuentro a nadie en el camino, los pueblos desolados totalmente y es de temerse porque sabemos que en los cerros hay francotiradores”, refirió.

Pese a ello, dijo normalmente cuando acude a estos lugares les “comunica” de su presencia a los párrocos de estos poblados lo mismo que a los comisarios para que evitar cualquier problema y aún así “va uno con el Jesús en la boca”, sostuvo.

Dijo que cada vez que acude a esas “reuniones” lucha porque el miedo no “nos paralice”, y enfatizó que su encomienda a Dios ha Sido su mejor “arma” para continuar con su tarea de pacificar al estado.

Rangel Mendoza insistió que está tarea la hace en nombre de Dios, por lo que antes de salir a sus actividades normales realice una misa en la casa donde había y que se conoce como casa de los obispos donde tiene una pequeña capilla que es donde oficia antes de salir con el grupo de monjas que habita el inmueble, con la finalidad de encomendarse a Dios en su tarea.

“Lo primero que hago después de levantarme, muy temprano aquí tengo una comunidad de religiosas lo primero que hago es celebrar una misa antes de salir yo celebró la misa, rezo en la mañana Laudes y de ahí salgo en nombre de Dios a buscar la paz y la tranquilidad”, explicó.

Pese a los riesgos, se dijo satisfecho con lo que ha logrado hasta ahora, pero reconoció que aún falta mucho por hacer para alcanzar la paz que reclama la sociedad guerrerense, sobre todo en algunos puntos donde la violencia se ha incrementado de manera significativa, finalizó.

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