Por Damián Terrazas Sánchez/ Él es Harún Al-rashid.

La presente semblanza es de la autoría de una joven promesa de la participación ciudadana en el país, le llamaremos Paco Álvarez.

Zeferino Torreblanca sin duda ha sido un hombre controversial durante su carrera política, querido por muchos y odiado por otros, así se pueda dar cuenta uno en redes sociales.

Ha sido blanco de ataques de miembros de distintos partidos políticos así como de algunos periodistas locales y nacionales.

Pero también es cierto que todo lo anterior tiene una explicación que a lo largo de los años me ha quedado muy claro, Zeferino no es el tradicional político mexicano que habla de utopías todo el tiempo, Zeferino no es el político que se deja chantajear, Zeferino no es el que hace convenios millonarios con los medios de comunicación, Zeferino no es el político que da despensa, apoyo económico o material de construcción para ganar una elección.

Por el contrario Zeferino se ha caracterizado por hablarle claro y con la verdad a la gente, hacer compromisos reales y no utopías, Zeferino tiene una visión de Estado, no piensa en la próxima elección, piensa en el Acapulco que heredarán nuestros hijos.

Desde niño crecí oyendo el nombre de “Zeferino” y siempre supe de la lucha que él encabezó en Acapulco para que hubiera alternancia y democracia, hoy reconocida por muy pocos. Después de un par de derrotas, por fin llegó a ser Presidente Municipal de Acapulco, recibió un ayuntamiento en la quiebra, tuvo que empezar de cero y la gente lo reconoce como el mejor presidente que hemos tenido. Equipó, aseguró y aumentó sueldos a la policía municipal, apoyó a los trabajadores del ayuntamiento, puso orden en las finanzas, los mercados, en la vía pública, entre muchas cosas que nos gustaría a muchos que hoy volviera a ser una realidad.

Sin duda su paso por Acapulco y como gobernador de Guerrero son históricos, pues no solo logró la alternancia, si no que realizó obras trascendentales en los 81 municipios del estado como tramos carreteros que unieron municipios olvidados en la Montaña y Tierra Caliente, en Acapulco nada más para recordar: rescató y pagó la deuda de CAPAMA, hizo la avenida Ruíz Cortines, el Bulevar de las Naciones, el distribuidor vial de Puerto Marqués, remodeló todos los centros de Salud, hizo el hospital Donato G. Alarcón en Renacimiento, los puentes de La Sabana, la rehabilitación de La Quebrada, y más de doscientas obras en las colonias del puerto.

Todo lo anterior habla de la experiencia que tiene Zeferino, ya es un hombre probado en el gobierno, tiene buena preparación académica y además es un hombre honesto que no roba, no miente y es transparente, siempre le han aprobado sus cuentas públicas y ha presentado sus declaraciones de impuestos, patrimonial y de conflicto de intereses.

Como dije anteriormente, desde niño crecí oyendo su nombre, acompañé a mi papá y hasta a mi abuelo Miguel a sus eventos, recuerdo en 2004 su cierre de precampaña del PRD, nunca había visto tanta gente como ese día, ahí me di cuenta del liderazgo que representa, la gente lo recibe con afecto en sus reuniones, y algunos le cuestionan, pero todos salen convencidos, basta oírlo para saber de lo que hablo.

Zeferino Torreblanca es un hombre que no se deja de nadie, pero sin duda tiene un gran lado humano que recuerdo con afecto cuando me recibió en su casa.

Sin temor a equivocarme creo que Zeferino es el activo más valioso que tiene la izquierda en Guerrero y que hoy tiene una oportunidad más de demostrarlo, yo lo definiría como un estadista que La Real Academia de la Lengua Española define como “Persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado”, pero su significado va más allá de una breve definición académica.

Una frase de Winston Churchill, define claramente lo que es un hombre de Estado: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”, eso es Zeferino. Hasta la otra…

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