Antonio Rivera Rosales

 

  Hace días el diputado Héctor Vicario Castrejón, presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, hizo la propuesta más sensata, pertinente y lúcida que hayamos escuchado en estos álgidos días de campaña.

  Dijo que los partidos políticos tienen que quitar a los candidatos sobre los que exista certeza de sus vínculos con el crimen organizado, para evitar que esos personajes lleguen al Poder Legislativo y a los ayuntamientos.

  En esos casos, instaba el diputado, la revisión y cancelación de candidaturas debe hacerse “sin tocarse el corazón”.

  Aunque nadie dijo esta boca es mía, es obvio que la sugerencia de tan connotado personaje cayó como bomba en las dirigencias de los partidos políticos, de todos, porque pareciera que nadie se salva de tener entre sus filas a algún aspirante que obedezca lineamientos de las bandas criminales.

  Más todavía, Vicario hizo un llamado a la honestidad de los propios institutos políticos para establecer mecanismos internos que aparten a la delincuencia de estas decisiones, es decir, de proponer como candidatos a personeros del crimen.

  Viviendo de quien viene, claro que es una sugerencia que habría que tomar en cuenta para comenzar a sanear a los partidos de quienes se han logrado infiltrar como personas con ropajes honorables, cuando a veces es del conocimiento público lo que realmente representan.

  Pero, siendo honestos, es en la dirigencia de los partidos donde surgen las invitaciones a quienes consideran como prospectos viables para el financiamiento de las campañas, haciendo la vista gorda respecto de sus vínculos o antecedentes. Es decir, a veces son tan bandidos  los mismos dirigentes de los partidos políticos como los candidatos que postulan.

  El exhorto de Vicario mereció una pronta respuesta de Beatriz Mojica, la candidata perredista al Senado de la República, quien reviró diciendo que esa responsabilidad la corresponde al gobierno y a sus servicios de inteligencia.

  Bueno, sí, pero ese tiempo ya pasó.

  Es verdad que, en muchos casos -no en todos- el gobierno federal cuenta con reportes sobre actividades, vínculos o nexos criminales de quienes aspiran a ocupar cargos de elección popular. Pero la decisión de postularlos o no corresponde a la dirigencia formal de los partidos políticos. Nada más, pero tampoco nada menos.

  Por eso es pertinente el llamado de Vicario a la honestidad de los propios partidos políticos para apartarse de esa senda que, con el tiempo, sólo permitirá entronizar en el poder al crimen organizado, como en su momento ocurrió en Colombia, lo que sumió a los colombianos en una vorágine de sangre y violencia que duró décadas.

  Siguiendo la ruta marcada por Vicario, habría que comenzar por sanear su propia matriz política, el Partido Revolucionario Institucional, PRI, que postuló a la alcaldía a un sujeto señalado por tener algún tipo de vínculos con bandas delincuenciales.

  Claro, nos referimos a Ricardo Taja Ramírez, el carismático aspirante a la presidencia municipal de Acapulco que, no obstante su innegable simpatía, podría dar la sorpresa de resultar ser nada menos que uno de los mandos de alguna banda delincuencial.

  Un caso parecido es el del alcalde de San Miguel Totolapan, Saúl Beltrán Orozco, postulado por el PRI al Congreso, a quien ya siendo diputado le surgieron graves imputaciones de homicidios y secuestros además de ser nada menos que uno de los jefes del sanguinario grupo criminal conocido como “Los Tequileros”, que ha causado terror en la Tierra Caliente.

  Al parecer a eso se refiere el llamado del diputado Vicario para limpiar a los partidos políticos de estas lacras que laceran a la sociedad.

  En el caso de Taja Ramírez baste citar que el 10 de mayo de 2016 algunas narcomantas colocadas a lo largo de la avenida Cuauhtémoc del puerto de Acapulco le reclamaron públicamente “los compromisos que adquirió al aceptarnos el dinero para la campaña”.

  Luego le espetaban: “Cumple como hombre lo que prometiste”.

  Días después, el 12 de mayo, la repitieron la dosis ahora a través de un video colgado en la red social Youtube en el que, casi de idéntica manera pero con el trasfondo de un corrido, le reclamaban el cumplimiento de compromisos a cambio de dinero para financiar campañas.

  Un detalle que hay que observar: en sus pronunciamientos públicos Taja Ramírez jamás se ha pronunciado contra la extorsión, el cobro de piso ni contra las bandas criminales ¿Se ha fijado usted, amigo lector?

  Pese a su apacible aspecto este candidato ha demostrado tener un temperamento violento, como salió a relucir hace poco más de un año cuando, rodeado de sus guarros, lanzó una silla a una joven que pintaba un mural, a la que confundió con una mesera del lugar. La joven, una conocida artista, hizo la denuncia pública en redes hace pocos días precisando que el ahora candidato se encontraba en absoluto estado de ebriedad.

  Este es el tipo de candidato que promovió la dirigencia formal del Partido Revolucionario Institucional, encabezada a nivel nacional por René Juárez Cisneros y a nivel estatal por  Heriberto Huicochea, el equipo que en teoría llevará al triunfo a José Antonio Meade Kuribreña.

  Volveremos sobre el tema en una próxima entrega.

 

  

  

  

 

  

  

 

   

  

 

  

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