La resolución fue aprobada con el voto a favor de 21 de los 34 países activos de la OEA, mientras que Nicaragua, Venezuela y San Vicente y las Granadinas votaron en contra.

 

En el texto, la OEA reitera su “enérgica condena y su grave preocupación” por los actos de violencia perpetrados por policías y paramilitares en la nación centroamericana y exige el “desmantelamiento de los grupos parapoliciales”, que actúan con el consentimiento del gobierno, según organismos humanitarios.

Aunque la resolución no señala a Ortega por la violencia, urge a su administración a que participe “activamente y de buena fe” en el diálogo nacional, mediado por la Iglesia Católica. Además expresa su condena al “hostigamiento” a los obispos que participan en las pláticas, así como a los “actos de violencia” contra unas oficinas de Caritas que fueron incendiadas y contra la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), que se convirtió en centro de las protestas.

Sin embargo, todo indica que no habrá una solución a corto plazo, ya que pese a la creciente presión internacional, el líder nicaragüense continúa despreciando las críticas y negando la represión. Por el contrario, Ortega, a través de su representante en la OEA, presentó en el seno del mismo organismo regional, un vídeo con imágenes de policías muertos, como prueba para convencer al mundo de que son los contrarios los asesinos y los torturadores. “Esta resolución es sesgada, se trata de una directriz del Departamento de EU para romper el orden constitucional en Nicaragua”, afirmó el canciller nicaragüense, Denis Moncada Colindres.

La resolución de la OEA fue respaldada por la población en Nicaragua que salió a celebrarla a las calles con llamados a mantener la presión contra el gobierno.

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