Por Ignacio Hernández Meneses

José Francisco Ruiz Massieu en 1990 puso el dedo en la llaga y con índice de fuego advirtió entonces a sus correligionarios y a la oligarquía en el poder: “¡O cambiamos, o nos cambian!”. Y él “cuando venga lo que vendrá” –que también sugirió- llegó en el 2000 con la asunción del derechista, el alto vacío de Vicente Fox Quesada, pero volvieron a recuperar el poder en el 2012 y no aprendieron la lección, el voto de confianza que entonces les otorgó la ciudadanía a través de Enrique Peña Nieto. Otra de las máximas de don José Francisco decía eran: “Una revolución está muerta cuando ya no convoca, sino que sólo evoca”, y aquella que rezaba “En política todos son traidores, la diferencia consiste en que unos no saben que lo son”, quizás deban analizarlo los priistas. Ayer, la presidenta nacional de lo que queda del PRI –tercera fuerza político electoral del país-, Claudia Ruiz Salinas, hija del ex gobernador, salió ante los medios a aclarar que su compañero de lucha por la presidencia, José Antonio Meade Kuribreña desayunó en casa del presidente electo (mañana le entregan su constancia de mayoría) Andrés Manuel López Obrador, y fue “en calidad de ciudadano y a título personal”, lo cierto es que Meade no es cualquier ciudadano ni fue cualquier candidato presidencial. La presidenta nacional recién impuesta por los dueños de ese partido, debería de estar preparando los cambios que ese instituto político necesita, de diseñar las estrategias de acercarse y darle el poder de decisión a la base militante, lo que decía su padre pues. También urge que vaya edificando los canales institucionales de diálogo para la construcción de acuerdos con sus fracciones parlamentarias del Senado y Cámara de Diputados para emprender la ruta de sus relaciones con el nuevo gobierno de la República. Por el desastre electoral que tuvo, el PRI tendrá que avanzar contra viento y marea, su autoridad moral y política se desplomó como nunca en su historia, una historia de corrupción, deslealtades, violencia y sangre. La Casablanca, Aguas Blancas, Acteal, la impunidad del caso de los 43, el 68, son parte los agravios que los llevó al despeñadero electoral. Afortunadamente para los priistas, ninguna derrota es permanente. El liderazgo de Claudia tiene madera por lo de Ruiz, pero el Salinas

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