Prometeo Hernández

A nuestra generación se nos enseñó desde éramos muy pequeños que en caso de emergencia se debía atender un protocolo sencillo pero indispensable: “no corro, no grito y no empujo” este pequeño decálogo permite colocarnos en codiciones más seguras en momentos de urgencia. Quizá, los tiempos que vivimos exigen una actualización de estas normas como lo sugiere el título.

La pandemia del coronavirus parece haber desnudado a la sociedad, han surgido tesis conspirativas, noticias falsas, incluso remedios milagrosos que solamente siembran zozobra y alarman a la población, que conduce al extremo de comprar insumos en gran cantidad que, según los expertos, no tienen ningún efecto para inhibir el contagio.

De acuerdo con las autoridades sanitarias estaremos conviviendo con este enemigo invisible durante, por lo menos, tres meses.  Aún queda trecho por recorrer, por lo que la información que se nos brinde por parte de ellas resulta fundamental.

En la etapa que nos encontramos, se han suspendido eventos masivos, cerrado temporalmente escuelas, establecimientos comerciales y algunos centros laborales. Llama la atención que no se ha implementado una estrategia común dirigida hacia toda la sociedad, se ha dejado al libre arbitrio de cada entidad federativa e, incluso, de cada municipio las medidas a implementar para afrontar este problema sanitario. El aislamiento es parcial o diferenciado, supeditado a valoraciones subjetivas de quienes ostentan el mando, cuando lo ideal es establecer parámetros integrales y uniformes, la vida de una persona vale tanto como la de otra. No se observa un plan que contemple a quienes viven de lo que producen los negocios diariamente para ayudarlos mientras transcurre la emergencia.

Hasta la fecha no sabemos si contamos con los insumos médicos suficientes para canalizar a las personas infectadas o mantenerlas en aislamiento adecuadamente. 

Vale la pena también imaginar, pasada la emergencia como va ha ser el retorno a la “vida normal cotidiana”, por decirlo de alguna manera, con los daños colaterales ocasionados. Deseamos que ya se esté desarrollando un proyecto para rescatar el ciclo escolar, recuperar los empleos perdidos, reactivar la economía, entre otros tópicos prioritarios. 

Hacemos un llamado a no politizar o polarizar el tema, entendamos que no hay coronavirus de izquierda o de derecha, la pandemia no distingue clases sociales, pero es obvio que afecta más a quienes menos tienen, a quienes viven de su trabajo diario o en los centros turísticos, como es el caso de Acapulco que depende de esta actividad y lo más probable es que la derrama económica esperada en la época de semana santa no se cumpla.

Por lo pronto nos corresponde cooperar quedándonos en casa, escuchar a las autoridades (esperando que se pongan de acuerdo), seguir sus recomendaciones, revisar a conciencia las fuentes que difunden noticias para no alimentar la desinformación: el peor de los virus, porque infunde temor y nubla nuestro buen juicio. También hay exigir que no se nos oculte información oficial, en resumen, actuar responsable y solidariamente lo que implica: ¡No salir, no desinformar y no entrar en pánico!

@promehernandez

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