Jaspe Venegas  

Tiene 25 años de edad, una hija de 4 y muchas ganas de disfrutar la vida. 

Quiere que ninguna mujer sea violentada, quiere que ninguna niña, adolescente, joven o mujer mayor sufra lo que ella vivió.

Por eso Estrella comparte públicamente su terrible historia. Da su testimonio para motivar a todas aquellas mujeres que callan por miedo y que viven un infierno oculto en su propio hogar, a poner un alto a la violencia.

Ha quedado atrás el “día naranja”, pero no la violencia. En el marco de esta fecha en la que se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, asistí a la conferencia “Si duele, no es amor”, en la que Estrella contó su experiencia, de frente a un auditorio repleto, en su mayoría de hombres y mujeres jóvenes. Un testimonio que provocó nudos en la garganta y lágrimas entre algunos asistentes.

De pie ante el micrófono, con entereza admirable, Estrella envió un mensaje importante: la violencia sí se puede combatir. Sí es posible cuando organizaciones, instituciones, autoridades y la propia familia actúan correctamente. Y sobre todo, cuando la víctima abre los ojos y toma la decisión de buscar ayuda, de denunciar y poner un alto a la violencia. No es fácil, pero sí es posible.

Estrella recibió apoyo de sus padres cuando ya no pudo ocultar los golpes en su cuerpo. A pesar de padecer cáncer, su padre le transmitió fortaleza para hacer la denuncia. Cuenta que se casó enamorada, después de un año de noviazgo. La violencia primero fue psicológica; celos y malos tratos. 

También hubo violencia económica, pues su esposo la mantenía prácticamente encerrada y en condiciones inhumanas. Luego se mezclaron violencia física y sexual. El miedo que Estrella sentía era más grande que su dolor. 

Aguantó muchos golpes y violaciones. Un año después de haberse casado supo que un nuevo ser crecía en su interior, pero el embarazo no detuvo a su esposo, ni a su suegro que también la golpeaba. A los 10 días del parto, fue agredida sexualmente. Ese día, como pudo, con la herida de la cesárea infectada y con su hija recién nacida, logró salir de su casa. 

En el transcurso de los días y luego de buscar ayuda legal, fue víctima de amenazas e intentos de asesinato.

Familiares, amigos e instituciones como el Centro de Integración Juvenil A.C. Chilpancingo, ayudaron a Estrella a salir adelante. Hubo mucho miedo de por medio, muchos trámites, mucha burocracia. Pero también hubo ayuda, asesoría y mucha esperanza.

Hoy Estrella brilla, sonríe y camina con la frente en alto. Se logró divorciar y está por concluir su licenciatura. Ve en su hija de 4 años su mayor motivo para seguir adelante y nunca rendirse. 

Existen millones de casos como el de Estrella. Muchos quedan en la impunidad, otros se viven en silencio. Algunos logran un poco de justicia. Y otros más terminan en feminicidios, la forma más cruel y extrema de violencia contra la mujer.

La violencia psicológica, económica, sexual y física, son un gran cáncer que invade a familias, centros de trabajo, escuelas y espacios públicos. No podemos perder de vista esta grave problemática que enfrenta la sociedad, como tampoco podemos dejar de alzar la voz para exigir un alto a la violencia, no sólo en la fecha conmemorativa.

Todos los días debemos exigir justicia, exigir a las autoridades aplicar la ley y castigar a los agresores, y dar garantías y protección a las víctimas; exigir que cada quien haga su trabajo, incluso nosotros, como sociedad, tenemos mucho por hacer, empezando por no fomentar una cultura machista, no permitir ningún indicio de violencia y dejar de ver este grave delito como una problemática cotidiana.

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