Por Ofelia Reza

Quiero comenzar con la declaración de Alfonso Durazo, próximo titular de la Secretaría de Seguridad Pública, durante su participación en el segundo foro para la pacificación del país en Torreón, Coahuila, señaló: “El perdón es un proceso personalísimo que tiene que ver con la paz interior de las personas, de las víctimas para poder sacar y seguir adelante con sus vidas sin olvidar lo ocurrido y, sobre todo, con la certeza de que este eventual perdón no se va a traducir jamás en un acto de impunidad por parte del estado mexicano”

Entender o explicar la palabra “perdón” es difícil, y no sólo es la palabra, sino que es todo el proceso de análisis sobre la problemática de a quién y por qué se otorga; -No es borrón y cuenta nueva-, por ejemplo: Una mujer puede perdonar las agresiones de su pareja, pero no quiere decir que tiene que volver con esa persona y seguir la relación como si nunca  hubiera pasado nada. Puede perdonar sin dejar de ejercer sus derechos y buscar las sanciones que la ley le otorga.

El estado debe tener la vocación firme de dar justicia a través de la norma  jurídica y castigar al victimario. Al estado no le corresponde perdonar, no tiene esa facultad, su obligación es velar por la justicia y cumplimiento de la ley.

El que un estado no persiga un delito no es perdón, sino impunidad.

Rose Sweet, autora de varios libros sobre relaciones, sostiene que el primer paso para perdonar es entender qué es el perdón, aquí algunos puntos:

*Perdonar no significa que la ofensa debe quedar sin repercusiones, podemos y debemos hacerlos responsables de sus acciones u omisiones.

*Perdonar no significa dejar que la ofensa se repita otra vez.

*Perdonar no es sinónimo de reconciliación, podemos perdonar y jamás llevarnos con la persona.

*Perdonar no significa negar la realidad o ignorar ofensas repetidamente.

Ni perdono, ni olvido. Ni hoy, ni nunca.

 

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