Ofelia Meza

 

La elección de ayer  domingo de dejó una buena lección, de que las cosas no se hicieron bien durante 80 años,  ni los 12 años que gobernó el PAN, lo que ha provocado que los mexicanos tomaron una determinación final.

Ahora se tiene que probar con una nueva metodología de gobernar, quizá sea para bien de los mexicanos, quizá con pruebas y error, pero se tiene que avanzar sustancialmente, ante una decisión global y una transformación que se requiere.

Hubo mucha incertidumbre  durante muchos meses ante la oleada de inconformidad ante tanta problemática, para ello se requiere de que a partir de ahora se empiece a trabajar arduamente con los espacios que se perdieron durante muchos años, en especial por los errores de corrupción y  desvíos de recursos en que se ha visto envuelto el tricolor.

El candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, la izquierda y el cambio se rencontraron justo a tiempo para las elecciones del 1 de julio de 2018. Esa doble condición —la esperanza del cambio y la oportunidad histórica de la izquierda— se alineó solamente hasta su tercera candidatura por la presidencia.

Para la izquierda, será una oportunidad y un riesgo. Por un lado, se ha impuesto desde el centro y la derecha que han gobernado el país en las últimas décadas. En un país en el que el 43.6 por ciento de la población (53,4 millones de personas) vive en pobreza y uno de los problemas más apremiantes es la desigualdad, un gobierno de izquierda podría implementar medidas para solucionarlos.

Pero, también, si AMLO hace un mal gobierno, clausuraría la posibilidad de que la izquierda —inclusiva y con fuerte contenido social— gobierne a México por más de un sexenio. Es un riesgo, sin embargo, que se tiene que correr. El gobierno de derecha ignoró los problemas sociales e inició una guerra contra el crimen organizado sin salida.

Es difícil fechar con precisión el inicio de un cambio en la historia de un país. Pero hay eventos que condensan el descontento colectivo y echan a andar un proceso de transformación nacional. En México, la fecha de cambio, del descontento social irreversible  —después de 77 años de gobierno de Partido Revolucionario Institucional (PRI) y doce del Partido Acción Nacional (PAN.

El país se conmocionó con la noticia de que 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa habían desaparecido y en los siguientes meses y años el deseo de los mexicanos por el cambio se volvió palpable.

 

Los tres meses posteriores a que se conociera la tragedia en Iguala, se organizaron protestas masivas que reunieron a personas y grupos de distintas clases sociales y afiliaciones políticas, pero que tenían un denominador común: identificaban al Estado como responsable de lo sucedido. Para muchos jóvenes, las movilizaciones por Ayotzinapa significaron el inicio de su socialización política, lo que el temblor de 1985 fue para la generación de sus padres.

COMPARTIR