POR ALFREDO GONZÁLEZ  

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó un llamado de alerta para que, literalmente, todo el mundo se prepare para el peor escenario por la expansión del coronavirus.

El microbio, que nació en China, tiene todas las características para provocar una pandemia, declaró el director general de la OMS, Tredos Adhanom.

Hasta hace dos días, las cifras de víctimas eran las siguientes: 80 mil 421 infectados y 2 mil 708 muertos, con más de 2 mil casos registrados en 39 países.

De acuerdo con los expertos, después de China, los focos más preocupantes se encuentran ahora en Italia, Irán y Corea del Sur.

La apuesta de las autoridades sanitarias internacionales es contener al virus, como ya lo hicieron algunos países.

Sin embargo, el riesgo de su propagación continúa latente y México no está excluido.

De hecho, un investigador de la UNAM, que me pidió guardar su identidad, me dijo que el coronavirus alcanzará su pico o máxima afectación en territorio nacional a finales de marzo y principios de abril.

No se trata de hacerle al adivino. Según la tendencia del virus (después de los primeros casos detectados en China, a finales de diciembre de 2019), calcula que sus efectos se sentirán en Semana Santa, como ocurrió con la influenza en 2009.

Son tres los factores: condiciones climáticas, flujo migratorio internacional y periodo de tiempo.

Siendo así, de no tomar medidas drásticas, corremos el riesgo de repetir la historia de hace 10 años, con un saldo que rebasó los mil muertos y la crisis económica más grave de los últimos tiempos, provocada por el paro generalizado de actividades en todo el país.

En el caso del coronavirus, el número de víctimas mortales sigue creciendo y los daños a la economía internacional ya se resintieron, sobre todo en el turismo global, impactando a los mercados bursátiles del mundo.

En 2009, el 90% de las afectaciones económicas en México y EU no estuvieron relacionadas con el virus, sino con el pánico, que derivó en la cancelación masiva de viajes.

La gripe AH1N1 dañó la economía justo por llegar en la temporada de vacaciones y hasta cambió la manera de convivir de los ciudadanos: no podían saludar de mano, ni abrazarse, mucho menos saludarse de beso, ya que el contagio se daba fácilmente de persona a persona.

Esto lo saben nuestras autoridades sanitarias, encabezadas por el secretario de Salud, Jorge Alcocer; incluso, hasta tienen montado todo un operativo con una danza de cifras.

De lo que no están convencidos los expertos es de la capacidad y de la infraestructura para enfrentar un virus con todas las características de una pandemia.

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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Cuando se está en medio de las adversidades, ya es tarde para ser cauto”.

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