Trabajar en la iniciativa privada desde el ámbito empresarial, donde las decisiones que se toman tienen mucho que ver con el éxito o el fracaso de lo que se emprende, me ha permitido asimilar enseñanzas enriquecedoras.

Una de ellas tiene que ver con la selección del personal a emplear, sobre todo de los colaboradores del círculo cercano, en quienes muchas veces se tienen que delegar responsabilidades, razón de más para seleccionar los mejores perfiles, quienes tengan las mayores aptitudes para ocupar determinados cargos. Hay que decir que en este ámbito poco valen las recomendaciones, el compadrazgo, el influyentismo o las caras bonitas.

La demanda de empleo es verdaderamente exagerada y la oferta muy escasa, que quienes emplean siempre buscan tener a los mejores, porque a final de cuentas lo que importa son los resultados, pues lo que está en juego es el capital, la mayoría de las veces hecho a base de mucho esfuerzo y sacrificio.

Esta misma exigencia, me parece, debería implementarse en el ámbito de la administración pública e incluso en los cargos de elección popular, dominados por la llamada clase política. Y es que esto es algo no solamente de elemental sentido común, lo que exige la sociedad y que debería quedar establecido como requisito indispensable para quienes aspiren a cargos públicos.

Por ejemplo, el fin de semana pasado fuimos a pescar con mis hijos, Jacko y Jaime frente a la conocida casa de “Cantinflas” aquí en Acapulco y no estaba tan errado Mario Moreno “Cantinflas” cuando en una de sus películas cuestionaba la contradicción de esforzarse cinco años estudiando leyes, cuando quienes las hacen o aprueban son diputados que ni siquiera estudiaron.

En la administración pública, en este caso en los gobiernos municipales que están por entrar en funciones -ya abocados al ámbito local-, se daría una muy buena señal y un mensaje de congruencia si se apegaran a estos postulados, y no se vuelvan a repetir los mismos criterios de colocar en puestos clave al más aplaudidor o más gritón en la campaña, al más lambiscón o al más sumiso o a todos los familiares. Hay mucha gente capaz y preparada, pero además honesta, que puede hacer un excelente papel en la función pública. Los dineros del pueblo también valen.

Mientras tanto… ¡Jálalo que es pargo!

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