Por Julio Zenón Flores Salgado

Si algo trajo el presidente López Obrador a Guerrero, en su visita de este viernes, fue oxígeno, por un lado, para los guerrerenses en general, que observaban con desencanto hacia el Sureste, a donde se dirigían todos los mimos presidenciales, y en particular para tres personajes políticos: Adela Román Ocampo, Héctor Astudillo Flores y Pablo Amilcar Sandoval Ballesteros.

Los que no se vieron, pero estaban cerca esperando alguna llamada, fueron el senador Félix Salgado Macedonio y el empresario Luis Walton Aburto.

De la alcadesa

La alcaldesa de Acapulco, Adela Román, debió respirar aliviada al escuchar que el presidente de la república comprometió su apoyo para resolver el problema del agua potable y el saneamiento de la bahía, luego de que la edil lo había casi suplicado en su última visita a palacio nacional y en donde le explicaron que el tema sería tocado en la siguiente visita de López Obrador a estas tierras surianas.

Y es que si un alcalde no puede resolver dar agua potable a un municipio, que es una demanda básica, que está en el primer metro cuadrado de su entorno, en donde el ciudadano toma las decisiones en las elecciones (Antonio Sola, dixit ) ¿con qué cara se va a presentar a ofrecer que resolverá los problemas de toda la entidad?

En ese sentido, se puede entender que AMLO ayudó a Adela a seguir en la jugada, al cargar con el principal obstáculo que tenía para ser una buena candidata. Falta, sin embargo, que se concrete, que el ciudadano sienta el cambio en el servicio hidráulico, en el poco tiempo que le queda antes del proceso electoral de junio del año que viene. Su éxito depende de su eficiencia. La suerte de Román Ocampo, puede estar en las manos José Ramón Aysa Neme, el ingeniero que dirige la CAPAMA y que ni siquiera ha sido ratificado como director por el consejo de administración.

Sus malquerientes tendrán que esperar una nueva oportunidad (que por ahí ya empieza a asomar la cabeza, sin que sus asesores políticos lo adviertan, pero de eso hablaré en otra entrega) para conseguir descarrilarla.

Del superdelegado

De las diez personas que aspiran a la gubernatura de Guerrero, por el partido Morena, sólo una tuvo el privilegio de estar en privado con el presidente de la República (que de acuerdo con las viejas reglas no escritas de la política daría el palomazo final a quien abandere la sucesión del priista Héctor Astudillo Flores): el delegado federal Pablo Amilcar Sandoval Ballesteros, quien cenó con él la noche del jueves, donde además de hablar de lo que viene, vieron los preparativos del evento del viernes y plancharon diversos temas de la entidad.

En esa cena el también aspirante a la gubernatura Sandoval Ballesteros, fue advertido que, para cuidarlo del golpeteo, tanto interno como externo, no estaría en el presídium. El delegado ya había recorrido el escenario central de la gira y las obras de Sedatu, junto con Román Meyer, así que aprovechó para entregar las últimas tarjetas y hacer las últimas recomendaciones sobre el tema político, pues desde la noche anterior grupos de priistas (en una extraña mezcla con simpatizantes de aspirantes secundarios de Morena) habían sido convocados a los alrededores del parque y se movían en el entorno para no dejar ir incólumes a figuras relevantes del morenismo, entre ellos el propio Amilcar y Adela Román, a quien tratarían de “quemar” ante el presidente.

Las huestes de marquesanos, conocidos por su bravura, simpatizantes del CECOP, también entrenados en batallas duras, miembros de Antorcha Campesina (ese grupo de choque priista que está tratando de migrar a Morena), coincidían en una explosiva mezcolanza, con universitarios del 10 por ciento que no congenia con el rector Javier Saldaña en la UAGro y los “duros” del personal de salud, aún excluidos de las bases y contratos ofrecidos por la 4T, tendrían casi sitiado el parque Papagayo y podría ocurrir cualquier cosa, así que el evento debería transcurrir terso, sin exacerbar a esos grupos, ello implicó mantener una sana distancia con la alcaldesa anfitriona y manejar de modo discreto la figura del delegado federal.

Radicales de la izquierda y de la derecha, finalmente estuvieron en paz, separados por algunos metros de adoquín, playa y brisa marina, y no llegaron ni a encontrarse ni a enturbiar el evento. Sólo un par de tramos de las rejas -similares a las que rodean al parque de Chapultepec- recién colocadas, recibieron furiosas sacudidas, sin que pudieran ser traspasadas, gracias a esa oportuna previsión del delegado Amilcar y a su discreta intervención.

Del gobernador

Por su parte el gobernador Héctor Astudillo Flores salió complacido del evento. Oxigenado por los halagos del presidente López Obrador. Pero más complacido porque no se desbordaran las aguas en la costera, en ese coctel de radicales que se instalaron afuera del parque Papagayo y en la entrada de La Base Naval. Finalmente es un hombre acostumbrado a las lisonjas y sabe que muchas veces se dicen las cosas para mandar mensajes a otros; no se engaña, por algo ha sabido remar en la tormenta, aunque haya quien se haga ilusiones conque las alabanzas presidenciales en el tramo final de la administración astudillista le coloque en una subsecretaría, al menos, del gabinete federal.

Astudillo tiene claro que va de salida y que por eso el que el presidente hable bien de él, en realidad es inocuo, porque aparentemente ya no aspira a algún cargo, después de tener el máximo honor de cualquier guerrerense: gobernar su estado, así que se le pueden poner alas, sin problemas. Tanto él como el presidente López Obrador, saben que las ideologías quedaron atrás, que lo que prevalece en la política actual son los liderazgos y que ambos son líderes, cada uno en su nicho, por encima de los partidos políticos. Por eso se entienden bien, ni AMLO da fuerza al PRI al resaltar a Astudillo, ni éste da fuerza a Morena con su acercamiento con el presidente.

Lo demás, son especulaciones…

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