Por Ignacio Hernández Meneses

UN DATO:

“A las nueve de la noche del 8 de octubre, las vi por última vez, las abracé entre la llovizna, Daniela mi bebé, Celina, mi esposa, nos despedimos con un beso, pero nunca pensé que era para siempre…” / Testimonio de Ricardo Meza Pérez, sobre sus memorias del huracán “Paulina”.

 

Buscó por mar y tierra, con sus callosas manos, Ricardo removió lodo, piedras y árboles destrozados, pedazos de animales muertos y gente que quedó atorada en el río de El Camarón, pero todo fue inútil, nunca más las volvió a ver, ni siquiera sus cadáveres, el de su esposa Celina Centel y el de hija Daniela, una bebé de apenas 15 días de vida, que hoy tendría 22 años, justo los años del trágico paso del huracán “Paulina”.

Con el amanecer, por las noticias en la tele, se dio cuenta de la tragedia, de su magnitud, del panorama de dolor que se vivía en barrios y colonias del puerto, sobre todo en la Progreso, Fovissste, Palma Sola, la Vista Alegre y la avenida Cuauhtémoc donde desemboca el río de “El Camarón”.

Por la tele también vio la inundación del puente desnivel del parque Papagayo, que más tarde, fue tapado por órdenes del entonces presidente Ernesto Zedillo Ponce de León.

“Allí nos dimos cuenta de que el alcalde Juan Salgado Tenorio no estaba en Acapulco, que estaba en Estados Unidos, y luego, las irresponsables declaraciones del entonces secretario general de gobierno David Augusto Sotelo Rosas que declaró que Acapulco estaba de pie y que no había desgracias que lamentar”, recuerda con tristeza el notable jurista.

 

“Un duro golpe…”

 

Para su familia, dice don Ricardo entre nostalgia y coraje que “Paulina” es “un duro golpe”, una herida que nunca cerrará, “pero el tiempo nos dice que hay que aceptar la realidad, que diera por estar con  ellas”.

“Fueron 11 integrantes de la familia los que se fueron y solo aparecieron tres cuerpos, allí a la altura de la tienda Aurrerá, eran los cadáveres de los Centel Vergara, apareció la gemela de mi esposa, mi suegra y un niño. Pude haber estado entre los escombros, entre los muertos…”  

Ricardo había pasado a saludar a sus mujeres a la casa de sus suegros, platicó con su esposa quien le pidió que se quedara pero él, les dijo que pasaría muy temprano. “Tomé mi coche y me vine a mi casa, al barrio del Hospital, es un recuerdo no grato. Todavía por la tarde, platiqué con Celina, le pedí que nos fuéramos a la casa pero ella me dijo que se esperaría hasta el lunes, que yo fuera el lunes… yo todavía cargué a la niña y me retiré”.

Como si fuera hoy, don Ricardo meza recuerda de igual forma que unos amigos lo ayudaron con una lancha, canoas, con equipo apropiado y se lanzó a buscarlas por la bahía de Santa Lucía, hurgó entre las playas y zonas rocosas donde le decían que había muertos, gente atorada entre árboles y carros que se tragó el mar. 

Caminó por el canal del “Camarón”, se arrimaba donde veía que había mucha gente sacando cuerpos, muebles, pedazos de fierros retorcidos, “recorrí todas las funerarias, el Semefo, leí todas las listas oficiales y nada…”

“Paulina” debe servirnos de lección a la sociedad y al gobierno, para que se mejoren los sistemas de seguridad y protección para estas contigencias, “para que nunca más se repita esta historia de dolor, de nuestra gente que nunca vamos a olvidar. Celina y Daniela vivirán siempre conmigo…”

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