Ignacio Hernández

Con los resultados desastrosos que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) obtuvo en las urnas en el plano nacional y local, se hace necesaria una purga en ese instituto político. En la elección presidencial, el partido del sol azteca apenas alcanzó el 2.87 por ciento de los votos, lo que equivale a un millón 307 mil 665 sufragios, la cifra más baja de su historia. Apenas superó el porcentaje obtenido otros por partidos como el PVEM (1.80%), Movimiento Ciudadano (1.77%), Panal (1.08) y PES (2.68%), y por ello, ya es parte de la chiquillada, y en lo sucesivo lo veremos a la cola del PAN, será pues la izquierda de la derecha. Uno de sus grave errores fue la creación de sus tribus, grupos internos que en apariencia le daban una imagen de pluralidad, luego fueron controlando el aparato burocrático para repartirse el poder a través de cuotas, grupos corporativizados, que terminaron decapitando la vida institucional del PRD. En Guerrero, tribus como el Grupo Guerrero, antes Polo Guerrerense de Izquierda, fueron de los que más lucró con los espacios de poder, y más recientemente el aguirrista IPG, muchos de los que fueron sus regidores, diputados y senadores regresaron al PRI. El PRI tuvo sus glorias, creció electoralmente, hasta llegaron a decir que si ponían una vaca de candidata era la misma que ganaba. El PRD fue gobierno en Guerrero aunque nunca sus gobernadores fueron perredistas, Zeferino y Aguirre porque nunca gobernaron bajo los principios y plataformas del PRD. El priista Ernesto Rodríguez Escalona es el botón de muestra. En las urnas perdió dos veces la presidencia municipal y lo designaron secretario de Turismo. Las tribus  tuvieron mayores recursos, su marco legal fue quedando de lado y los acuerdos entre las tribus fueron prevaleciendo. Se acuñó la frase “acuerdo mata estatuto”. La crisis de Ayotzinapa y los 43 fue consecuencia de ese pragmatismo, de buscar mantener una gubernatura que parecía perdida, con un expriísta incompetente, y lo más delicado, se abrió la puerta a un presidente municipal totalmente involucrado con el crimen organizado. Renovarse o morir es lo que le queda al PRD. Sus tribus deben desaparecer, ya no tienen nada que perder, deben esconder sus hachas. Ese partido debe construir nuevamente un discurso y una agenda como una opción de cambio, y para ello, también es muy importante que ese discurso se vea reflejado en los gobiernos que le quedan. A los Chuchos, a las Barrales y los Gracos deben darle las gracias para que no renazca el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional. Será una tarea muy difícil pero necesaria. Lástima, tan extraordinaria historia de lucha que tenía el PRD. Lástima de sus muertos y de sus desaparecidos que lucharon por la democracia, por la patria para todos.

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