Por Ignacio Hernández Meneses

 

Luis Videgaray entonces secretario de Hacienda, se convirtió en aquella noche en el Judas Iscariote al traicionar a la maestra Elba Esther Gordillo Morales. Carísima le costó la cena a la líder charra del SNTE haber aceptado esa invitación que la llevó a la cárcel en febrero de 2013. El hecho de que Gordillo esté libre legalmente, no significa necesariamente que sea inocente, así como hay personas en la cárcel que son inocentes. Ocurrió lo que lamentablemente se ha hecho ya una práctica cotidiana en el terreno judicial, en este caso, la PGR deliberadamente integró la carpeta de investigación con deficiencias, que de ahí se agarró el juzgador y los abogados para abrirle la puerta a la impunidad. Elba Esther Gordillo reapareció con muchas agallas luego de permanecer un sexenio enterito tras las rejas del priato, luego de pelearse con los grupos de poder que la consintieron en los gobiernos del PAN y el PRI. Recuerdo como si fuera ayer, de cómo la profesora Elba Esther imponía a los secretarios generales del SNTE. En 1989, me tocó reportear para El Sol de Acapulco la marcha Iguala-México de la CETEG. En Topilejo, nos agarró un frio que a muchos maestros doblegó y se regresaron a su sala de confort, del dejar hacer, dejar pasar. De una capillita salió un sacerdote que se parecía a la estampita de San Ignacio de Loyola, se hecho un sermón más largo que la costera y aterrizó diciendo que donaba su anillo con el que simbolizaba su graduación como sacerdote, pero con la condición que ese dinero fuera para la lucha magisterial. Los maestros cetegistas le aplaudieron, el cura lloró y lloró, no sé si porque sentía de verdad ese movimiento de la disidencia magisterial guerrerense que exigía la democratización del sindicato y la caída del maestro José Pedro Álvarez de Dios, al que calificaban como “secretario general espurio”, o porque se quedaba sin anillo. Luego, caminamos e hicimos entrada triunfal al entonces Distrito Federal. Por nuestras cabezas volaban los helicópteros de la policía defeña, y desde los puentes de la calzada de Tlalpan, familias enteras nos tiraba confeti y aplaudían. Por la estación Villa de Cortés, una niña de primaria como de sexto año, rompió la valla y  hasta su maestra la regañó pero al toparse con la manta de los docentes de La Montaña, la alumna se sacó su suéter, recuerdo que era del color verde bandera, y se lo regaló y se lo puso a una maestra bilingüe de Metlatonoc, el municipio más pobre de América Latina. La niña era más alta que la profesora. Esta maestra pies cenizos lloró y la abrazó en tlapaneco. A esa hora, la otra maestra Elba Esther ya empezaba a guardar en sus alforjas las cuotas sindicales, que luego le sirvieron para comprarse una casita como la que canta Óscar Chávez, pero en Estados Unidos. Vivía allá, y solo cuando había congresos del SNTE venía a México. Ojalá con este cambio de gobierno, cambie la forma de hacer justicia en México.

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