Por Ignacio Hernández Meneses

 

“¿Qué de dónde amigo vengo?/de una casita que tengo/por allá en el Pedregal/de una casita chiquita/con jardines y alberquita/y calefacción central…” Así, palabras más, palabras menos, el maestro Óscar Chávez nos deleitaba en los años setentas con su música de protesta social. Fiel cantante de la vida real, La Casita está lamentablemente vigente, y hoy es parte de la agenda legislativa en el plano nacional y local. Sin ir más lejos, aquí en Guerrero, como perros y gatos, los diputados del  Congreso del Estado llevaron a la máxima tribuna el tema de un reportaje publicado en el periódico nacional “Reforma”, -en su edición del miércoles 5 de septiembre-, en el que informa que el fiscal estatal se ha comprado una casa, mucho mejor que donde vivía. “Estrena Fiscalía y mansión. El Fiscal General de Guerrero, Jorge Zuriel de los Santos Barrila, no ha cumplido ni seis meses en el cargo y ya tiene una casa en una zona exclusiva de Acapulco. Designado apenas en mayo pasado, con un salario de 80 mil pesos al mes y más 20 mil pesos de viáticos, el funcionario adquirió la propiedad en 10 millones de pesos mediante dos pagos de 5 millones de pesos cada uno”, precisa la referida nota periodística. El diputado priista Jorge Salgado Parra consideró que un medio de comunicación no puede marcar la agenda legislativa por una nota periodística donde se señala una “presunción”, expuso. El cuestionado ex director del INEA en Guerrero argumentó que “no se puede partir a partir de supuestos y se cite a un funcionario público a comparecer en torno a si hay o no un inmueble. Ni siquiera se dice qué tipo de inmueble es, ni en dónde se citará a comparecer al funcionario”. Hay que recordarle al diputado que repase las tareas, las obligaciones de un legislador, ningún parlamentario puede ni debe eludir su responsabilidad de fiscalizador que comprende al Poder Legislativo, es parte de sus deberes, pero además, retomando su razonamiento, el fiscal debe acudir con la mano en la cintura para demostrar que no tiene nada que esconder, que comparezca ante el pleno del congreso para defender su honorabilidad hasta ahora reconocida. Que no quede ninguna duda sobre su integridad. Efectivamente, un medio de comunicación ni un reportaje puede marcar la agenda legislativa –es absurdo lo que dice ese diputado, no está en la ley, lástima de experiencia como tribuno-, pero está comprobado que la otra casita “La Casa Blanca” publicada por un medio de comunicación nacional y por la intachable periodista Carmen Aristegui, fue la punta de lanza para desgranar la monstruosa corrupción del PRI-gobierno, desde la pareja presidencial. Por cierto a Carmen le costó la chamba. Diputados no se rasguen las vestiduras. Nunca más otra casita. El fiscal general del estado Jorge Zuriel tiene la palabra.

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