Por Ignacio Hernández Meneses / Fotos David Guzmán

La historia se repite, pero no es un domingo cualquiera, ayer los mercaderes rodearon el templo y en nombre de Dios empezaron a vender ramitos de varios tamaños, adornos y precios, “¡a 10 pesitos la salvación!”, gritaba don Agripino, un bolillero que hoy cambió de giro porque se dedicó a la venta del Domingo de Ramos.

Se puso en la puerta lateral de Sagrario Catedral, frente a la vieja biblioteca del Zócalo, don Agripino nos contó que ha sido una jornada pesada, ya que muy temprano, a las cuatro de la madrugada, se fue a la panadería donde le cargan de bolillo a su canasto, y caminado también venía tejiendo sus ramitos, y apenas acabó de vender sus panes y se puso a vender los ramos a los que adornó de flores y estampitas del Padre Jesús de Petatlán.

 

La “plaza roja”

 

Don Rubén Sotelo es un vendedor de seguros.

Dice que su traspatio es la plaza “Juan Álvarez”. También nos dijo que no es cierto lo que dice el Obispo Salvador Rangel Mendoza, de la Arquidiócesis Chilpancingo-Chilapa, cuando refiere han sido algunas mujeres porque “no andaban en misa, ni andaban en la catedral”, “la verdad se pasó el prelado, yo el otra vez iba saliendo de misa aquí en Catedral, y de repente, a mis pies cayó un joven que venía corriendo de aquella taquería, y le pasó como el conejito de Duracel, se le acabó la pila, y aquí en este escalón quedó muerto y yo pensando que estaba herido quise auxiliarlo, primero llamé al 911 y nunca me contestaron, y luego lo voltee para que no se ahogara en su charco de sangre, y llegó la policía y ya mero me detenían solo porque trataba de ayudar al moribundo, que al final se murió y allí estuvo tres horas, allí lo tuvieron los policías que dijeron que eran de Proximidad Social”.

“Le comento esto porque ya verdad, yo salí de rezar pidiendo paz, pero yo andaba en misa y andaba en Catedral y me topo con este problema, o sea aunque vayamos a misa algo nos toca de la violencia”, reflexionó el señor Sotelo.

Aclaró que con tanto acribillado en el Zócalo, “ya le hubieran de cambiar de nombre, que se llame la nueva plaza roja, porque se ha manchado mucho de sangre”.

 

Hágase los ambulantes, y se hicieron…

 

Poco le duró el gusto al gobierno municipal de celebrar algunos días de paz en el Zócalo.

Ayer regresaron como si fueran una manada los comerciantes ambulantes, eran más los vendedores que las palmitas que se vendieron.

Pero es parte del escenario urbano, le dieron color, vida y hasta música pirata al inicio de la Semana Santa.

Como en la vieja canción de Imelda Miller, llegó un banda dominguera que empezó a tocar en la plaza, también había un perro que movía la cola y el niño que quería un globo.

En las tres puertas, de la Catedral había diáconos cumpliendo con la salpicadera del agua bendita para los creyentes que esperaron bajo el rayo del sol la bendición sus palmitas.

A las 10:00 de la mañana, la bendición la encabezó el propio Arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González, quien no se cansa de pedir a los miembros de “La Maña”, que reflexionen y se entreguen al Señor, que ya dejen de hacerle daño a sus semejantes.

A los promotores de la violencia y sangre en Acapulco, el representante de la Iglesia Católica les pidió, les imploró, les ordenó en nombre de Dios, que cese la violencia, y ya dejen de desaparecer y ejecutar.

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