Por: Lorenzo Madrigal

Entrego esta nota al mediodía del domingo electoral y la jornada en curso no anticipa nada ni yo quiero hacerlo. A la hora de leerse lo que hoy se escribe, hasta su propio autor se sentirá “chiviado”, como se dice en el argot periodístico, pues la noticia serán los resultados y van a estar el lunes 12 en todos los medios.

 

De modo tal que la política, que es tema habitual, está excluida. Pasemos por lo tanto a otras cosas, así parezcan triviales, que no lo son: la novela de Jaime Garzón, por ejemplo, de la cual ya me ocupé y me seguiré ocupando, trasunto como es de la vida y milagros de un personaje que está siendo utilizado para adoctrinarnos con excesiva literatura social y política, de la cual a sus amigos no nos consta que hubiera sido tema central de Jaime, ni que desde su niñez, como lo presentan, hubiese sido una especie de San Vicente de Paúl. Sí creo que su madre, doña Daisy, tuviera esa sensibilidad social, pero Jaime no era tan responsable ni coherente. Lo veíamos descomplicado y sencillo y era seguramente generoso; en política colaboró por igual con gobiernos de una y otra tendencia y dudo que padeciera de fanatismos o perteneciera a círculos clandestinos urbanos.

 

Jaime era bien otra cosa. Tan simpático y divertido que eso mismo lo alejaba del discurso de extrema izquierda, pues tenía humor. Pocos en esa extrema lo han tenido aunque recuerdo al dirigente Hernando Hurtado, quien me visitó algún día en compañía de doña Yira Castro, cuyas risotadas espontáneas aún me bailan en el magín.

 

Hay que ver en estos días a Petro con el comediante Suso en tamaño atortole y patinando en los mismos chistes que le han hecho y el público ha entendido, menos él. ¿Tiene humor Maduro (bueno, de él se ríen, que es otra cosa) o lo tenía Fidel Castro o lo tiene acaso su hermano, el de la voz cavernosa?

 

Siguiendo con la tele, sentí mucho que Juan Lozano se fuera de su espacio habitual. Era formidable y parece que sigue siéndolo en Red+, que aún no me llega. María Jimena, de quien soy seguidor asiduo, hace magnífica conducción de sus foros y, cuando no está, supongo que se cae el rating. Es verdad que toma partido contra invitados que se le oponen, pero nos regala su risa, su desenfado al hablar y sus escotes de bandeja. Es así como les ha dado ventana a personalidades interesantes como al joven Josías Fiesco o al representante Samuel Hoyos y, bueno, al propio Everth Bustamante, del Centro Democrático, entre otros.

Yamid sigue siendo el entrevistador por excelencia; nadie entiende mejor el quid de cualquier asunto y los secretos que quisiera guardarse el entrevistado, sin que el periodista, que se los pone en evidencia, le reste un ápice a su amabilidad.

Concluyendo, a Jaime, en esta época de polarización, lo están usando como ícono de la izquierda política. Veremos qué sigue.

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