Por Alfredo González

Este conglomerado de tribus, personajes, personalidades y distinguidos miembros de la academia, así como de importantes íconos de la izquierda en México, anda de capa caída.

Ya pasaron casi dos meses de su Asamblea Nacional, en la que acordaron convertirse en los más férreos opositores de la 4T y nada más no logran darle forma a ese proyecto.

Gabriel Quadri, uno de sus principales promotores, me dijo que han realizado varios eventos, conversatorios, en los que abordan diversos temas para trazar una agenda de trabajo; sin embargo, no han tenido gran poder de convocatoria.

Uno de los asistentes a la reunión que celebraron el miércoles, para hablar de energía y cambio climático, me comentó, por su parte, que a esos actos no acuden más de 40 personas. Los líderes más visibles son Jesús Ortega y el mismo Quadri, de ahí en fuera acude puro “liderazgo” desconocido.

Al ex rector de la UNAM, José Narro, y a la ex priista Beatriz Pagés, sólo se les vio en la asamblea del pasado 24 de agosto.

No volvieron a poner un pie en las reuniones de este grupo que anunció, con bombo y platillo, se convertiría en un dolor de cabeza para la 4T.

Y es que justo en su proclama de lanzamiento, algunos de sus liderazgos presentaron a Futuro 21 como una corriente que respondería a los desatinos del gobierno.

Muchos entendieron que ésa era su razón de ser, no la de crear una plataforma para configurar, discutir, diseñar y construir un organismo político superior que aglutine a quienes se identifican con los principios democráticos progresistas, liberales y socialdemócratas.

De hecho, un integrante de la dirigencia colectiva del PRD me confió que Narro se ha mantenido al margen de Futuro 21 y condicionó su participación.

No está de acuerdo en que la tarea principal de varios liderazgos sea la de atacar sistemáticamente al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Ésa es la verdadera razón por la que no ha participado en los conversatorios ni tampoco tiene la certeza de que vuelva a integrarse.

En ese mismo tenor están otros integrantes de la dirigencia del partido del sol azteca, porque creen que ni los chuchos ni otros perredistas, que hicieron de la derrota un negocio rentable, tienen la calidad moral para cuestionar las políticas de la 4T.

Están más ocupados en ver cómo falla el gobierno de AMLO que en crear una agenda de temas que les permita recuperarse de la tunda que les dieron en 2018. Y al paso que van, no le ven futuro a Futuro 21.

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Con la llegada de la 4T la política educativa dio un vuelco. Se acabó el control de los sindicatos magisteriales sobre las autoridades, las aulas y la educación de nuestros niños y adolescentes.

El titular de la SEP, Esteban Moctezuma, sostuvo un encuentro con representantes de El Heraldo de México y comentó que la Reforma Educativa rompió paradigmas.

Por primera vez en la historia, se declara a niños, jóvenes y adolescentes como el centro de la transformación del país. Y los profesores dejaron de verse como un lastre.

En el ámbito sindical buscarán dar un vuelco. La CNTE y el SNTE sólo podrán influir en sus vidas intergremiales, pero la política educativa será dictada única y exclusivamente por el Ejecutivo federal.

En ese contexto se suscribe el futuro político de la maestra Elba Esther Gordillo. Ahora, en la 4T, la ven más dirigiendo a su partido político que al sindicato magisterial, porque el SNTE se convirtió en un ente corrosivo para la educación y los tiempos ya cambiaron.

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Es visible el deteriorado estado de salud del gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, pero más visibles son sus desatinos políticos.

Eso de dar gracias a Dios por la muerte de sus adversarios, Rafael Moreno y Martha Erika Alonso, no es de alguien que goce de cabal salud… mental.

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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “No pienso nunca en el futuro porque llega muy pronto.”

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