Por Julio Zenón Flores Salgado

 “Yo nací aquí… a los 11 años empecé a vender en Tepito…y todo esto ya estaba…”, cuenta Edith Tavera, una mujer de pantalón apretado y cabello pintado de rubio, en donde se atoran los grandes lentes de sol.

Coincidimos en la inauguración de la remodelación de los baños del mercado del Parazal, en pleno centro de la ciudad; a unos pasos del tradicional Café Wadi, de la Manzanares, de Mina, junto a la Velázquez de León.

Nos hemos detenido bajo el ala de uno de los locales de artesanías que permanece cerrado, en parte por la pandemia, en parte por la falta de clientes y nos quedamos callados un instante mirando el conglomerado de personas, a unos pasos de nosotros.

Desde aquí se puede oír a la presidenta municipal, Adela Román Ocampo, enfundada en un vestido verde hasta el tobillo, hablando al micrófono, como si platicara con sus vecinos. A veces se emociona y mueve las manos.

-El Parazal tiene historia, es un ícono; recuerdo cuando veníamos a comprar la fruta, la verdura… esto era vida, era movimiento era alegría, por eso, si ustedes hacen todo el esfuerzo posible, vamos a embellecer este lugar, aquí está Edith, a quien le compraba mis bolsas, y la familia Tavera. Voy a regresar de la mano de ustedes, para que limpiemos, que esté bien iluminado y que sea seguro…

Cada vez más personas se acercan con curiosidad y se quedan a escuchar, Aquí todo es historia, pero también abandono. El módulo de seguridad instalado hace 14 años está vacío -dice la lideresa Isabel de la Cruz Bustillo, la lideresa de los locatarios-, se roban nuestro escaso patrimonio, aprovechando que no estamos por la pandemia ¿Quién cuida nuestros locales? Se pregunta al micrófono.

La alcaldesa escucha, escucha también al regidor Manuel Cortés, quien fue el intermediario entre los comerciantes y el ayuntamiento; escucha y mira a su alrededor, pasillos casi solos, locales cerrados y ojos llenos de esperanza que a su vez la miran a ella…y esperan…

-Si nos unimos -dice la alcaldesa- vamos a hacer que este mercado vuelva a florecer.

Y les recuerda que tuvo un proyecto muy grande para ese mercado, visitó varias ciudades del país, “y hay mercados que hasta aire acondicionado tienen y compiten con cualquier plaza comercial”, presume, para luego caer a su realidad. “Por desgracia nos cayó la pandemia…han sido dos años muy difíciles para la administración municipal”. Este iba a ser un lugar obligado a visitar por turistas y locales, lamenta.

De la memoria pasa a la propuesta:

 

-Pero no quiere decir que no se pueda hacer. Claro que se puede, no necesito ser presidenta municipal para que se pueda…Seguiremos gestionando para que quien llegue a la presidencia municipal o al gobierno del estado lo haga.

Sorprende al decir que esos baños limpios, con agua, papel y jabón, con regaderas nuevas y hasta murales artísticamente pintados en sus paredes, no recibieron presupuesto municipal, sino que se hicieron con los mismos recursos que el DIF recaudó del uso de los baños públicos.

Los empresarios del centro de la ciudad, locatarios y vecinos que se reunieron en torno al evento, se miran entre sí asombrados. Algo se dicen con los ojos cuando la primera edil revela con eso también se arreglaron los baños de Sinfonía del Mar, del Zócalo, del parque de Costa Azul, de Puerto Marqués y los de la Diana.

-El dinero que se recauda de los baños del DIF nos está permitiendo tener baños dignos. Les dice. Y recuerda que cuando llegó se dio cuenta que se robaban los focos, las llaves del agua y tuvo que pedir que le pusieran rejillas y hace un encendido exhorto:

-Es importante que cuidemos lo público, porque lo público es nuestro, no hay una calle que se construya en este país, que no sea producto de los impuestos que pagamos; así tenemos escuelas,  y hospitales. Cuiden su patrimonio, que es el patrimonio de todo el pueblo de Acapulco.

Finalmente les pide dejar atrás lo que el presidente López Obrador ha llamado politiquerías:

-Vayan de la mano, les invito a que se organicen, hagan a un lado cuestiones partidistas, hagan a un lado cuestiones personales, cuídense entre todos…

Para entonces ya Isabel de la Cruz Bustillos, la maestra Isabel, (humildemente la señora Isabel, dice ella, en el uso del micrófono) líder del mercado del Parazal, ha recordado también que ese es un mercado de artesanías, icono de Acapulco.

-Vengo a reconocer el esfuerzo, la dedicación y entrega de la presidenta municipal, porque nos ha cumplido, dice. Hace un año, exactamente el 20 de julio, nos abrió la puerta, a través del regidor Manuel Cruz, y hoy nos entregan lo que se pidió, la remodelación de los baños que es un avance. Se que se puede con la participación de todos…

¿Que nos queda por hacer? Pregunta, y ella misma se contesta: Seguir trabajando, pero en conjunto. Aquí estamos los verdaderos artesanos, los que elaboramos los dibujos que nos representan a nivel nacional e internacional y necesitamos el rescate para que a nuestro mercado vuelva el turismo.

La alcaldesa Román Ocampo, la presidenta del DIF, Adriana, y su séquito de funcionarios así como locatarios y líderes se pierden entre los pasillos, mientras Edith Tavera Pineda, terminar de contarnos que hace 30 años, cuando ella llegó a trabajar ahí, en Tepito “Ya existía El Parazal.

-Era de artesanías, venía mucho turismo extranjero y nacional y gente de la ciudad; familias enteras venían al mercado a comprar; yo de niña supe que esto era un lodazal, yo era muy pequeña, crecí aquí en el centro, crecí aquí, nací en Acapulco, mi familia vendía telas de pantalón, aquí a la vuelta -señala hacia la calle de Mina-.

Luego su mirada se ensombrece: Todo empezó a declinar, desde el 2010-2011, empezó a deteriorarse, por la economía y el abandono del lugar, por la división de los líderes; la gente dejó de participar y todo se vino abajo.

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