El hambre: desorden mundial y nacional

Jairo Agudelo Taborda*

Según los más recientes informes (2019) de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y del Programa Mundial de Alimentos (PMA), ambos de las Naciones Unidas, en el mundo hay 821 millones de personas que padecen hambre por carencia de alimentos, sobre todo niños y mujeres. Este dato de 2019 era ya vergonzoso, y lo es aún más visto que con la actual pandemia empeorará gravemente. Pero hay algo más grave todavía. Los mismos informes hablan de 820 millones de personas que padecen enfermedades por exceso de alimentos. O sea que por cada persona desnutrida hay una obesa o sobrealimentada. Ambas enfermas.

Los informes dicen que en Colombia el 6,5 % de la población padece hambre (cerca de 3,5 millones de personas) y el 5 % padece obesidad (cerca de 2,5 millones). Las personas más afectadas por la subalimentación son niños y mujeres pertenecientes a comunidades indígenas y afrodescendientes.

Este nefasto cuadro mundial y nacional tiene causas estructurales que no se curan con paños de agua tibia, como la ayuda humanitaria, sino que requiere políticas mundiales de cooperación para el desarrollo humano sostenible, que es integral. La cooperación internacional debe incidir sobre las causas estructurales y no solo sobre los efectos. Aunque incidir sobre los efectos mitiga el problema, no es resolutivo. Es necesario, pero no suficiente. La Agenda 2030 de la ONU es la mejor política pública mundial mediante la cooperación en todas sus modalidades: bilateral, multilateral, no gubernamental, descentralizada, Norte-Sur, Sur-Sur y Triangular.

El hambre tiene su geografía: es el sur del mundo el más afectado por la subalimentación y es el norte del mundo el paciente de sobrealimentación. Hay que corregir urgentemente este desorden mundial. El norte del mundo ha sido el colonizador y el sur el colonizado. El norte enriquecido y el sur empobrecido. Por eso los flujos migratorios masivos de hoy son de sur a norte. En la medida en que crece el hambre en el sur, habrá más migrantes hacia el norte. Además, empobrecer el sur significa reducir la capacidad de compra de bienes y servicios, sobre todo de los que fabrica el norte. Es decir, reduce la demanda que genera la recesión vivida en el mundo desde 2008, sobre todo en el norte (Norteamérica y Europa).

Por todo ello es muy significativo que el Premio Nobel de la Paz 2020 se le haya conferido al PMA, que desde 1961 actúa con ayuda humanitaria y desde 1989 agregó su acción de desarrollo social, intentando incidir sobre las causas del hambre y no solo sobre sus efectos.

Este Nobel es también un premio al multilateralismo en un momento en que algunos dirigentes nacionales pretenden volver a los nacionalismos soberanistas y aislacionistas unilaterales. Si algo puede enseñar la actual pandemia es la misma lección de las dos Guerras Mundiales. O sea, que ninguna nación por fuerte que sea es capaz de resolver sola los males universales como las guerras, las pestes, los tráficos, las migraciones, los calentamientos globales o las hambres.

Proponer soluciones nacionales a problemas globales es una grave miopía. La humanidad ya vivió la era de los nacionalismos que la llevó a las guerras regionales y mundiales. El multilateralismo es el proyecto de convivencia internacional surgido de los dos posconflictos mundiales. Primero la Sociedad de Naciones, luego la Organización de las Naciones Unidas. El multilateralismo se ha enriquecido a escala regional con la Organización de Estados Americanos, la Unión Europea, la Liga de Países Árabes, la Unión Africana y la Asociación de Estados del Sudeste Asiático. A ellas se agrega una galaxia de organizaciones subregionales como las nuestras: Celac, Unasur, CAN, Mercosur, Caricom, AEC, Sica y otras.

Todos estos organismos multilaterales y todas las naciones han adherido a la Agenda 2030 y a sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Con ella se busca, sobre todo, eliminar el hambre y la pobreza extrema como objetivos 1 y 2, mediante el objetivo 17, o sea, una alianza global de cooperación internacional para el desarrollo humano sostenible.

Urge una gobernanza mundial de los males ya citados. Urge una política pública mundial que provea bienes públicos globales y genere capacidad de proveer bienes públicos regionales y nacionales como la salud, la educación, el trabajo digno y la vivienda digna. Esa política, ahora, no es otra que la cooperación internacional para el desarrollo humano sostenible.

Felicitaciones al PMA por el Nobel de Paz y a toda la ONU por sus 75 años de vida y acción.

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