Por: Fernando Hinterholzer Diestel

 

“La cultura de la legalidad es un conjunto de valores, normas, percepciones y actitudes que el individuo tiene hacia las leyes y las instituciones que las ejecutan.  

De acuerdo con Godson, una cultura de legalidad implica que la cultura o forma de pensar dominante en la sociedad simpatiza con el Estado de derecho”. “Sirve como criterio para evaluar el grado de respeto y apego a las normas vigentes por parte de sus aplicadores y destinatarios. La cultura de la legalidad es la creencia compartida de que cada persona tiene la responsabilidad individual de ayudar a construir y mantener una sociedad con un Estado de derecho”.

Entre los dimes y diretes de los que apoyan desenfrenadamente al presidente López Obrador, y sus detractores, en estos primeros sesenta días de gobierno hay una singular situación que todos reconocen, y es que el Presidente pretende cumplir todas sus promesas de campaña y esto a cualquier precio. Y esto parece encaminarse a obtener un beneficio electoral, para AMLO y su partido, esto a pesar de incurrir en una especie de vanagloria de actividades delictivas como es el robo, y que al parecer todavía no entiende AMLO y su grupo de octogenarios se les puede revertir.

Mucho se ha insistido en las redes sociales y los medios de comunicación, la valoración ética del presidente López Obrador respecto a quien roba por ser pobre, se le justifica ya que robar por necesidad nos llevaría a un estado de caos y de ley del oeste, a justificar la ilegalidad y a violentar la cultura de la legalidad en nuestro país. Si quienes delinquen son los ciudadanos o población en general que valoran racionalmente las posibilidades de ser atrapados castigados por la ley o de continuar impunemente violentando la ley. No solo es la falta de ingresos o la pobreza patrimonial lo que lleva a las personas a delinquir, definitivamente es la falta de valores, educación y de una cultura de la legalidad lo que hace que la población robe gasolina, atraque trenes con mercancías, saque tiendas o transportes accidentados. La naturaleza humana es proclive a cometer delitos como parte de su vivencia cotidiana.

Y hoy en día, son muchos los ejemplos de ciudadanos que no respetan las leyes, servidores públicos que se corrompen porque se sienten impunes, delincuentes que violentan la ley sabiendo que no serán castigados, los empresarios que no arriesgan más dinero por la falta de un sistema legal que garantice el cumplimiento de los contratos y los derechos de propiedad. Mientras no haya un cumplimiento estricto de las leyes y normas constitucionales, seguirá habiendo corrupción, inseguridad y mediocre crecimiento económico.  

Lleno de huecos en materia de legalidad. El gobierno puede perfectamente encausar las conductas de la población a través de las herramientas de mercadotecnia con las que cuenta, sin embargo, creen que con programas sociales y asistenciales revertirán la actitud de la población, y eso no es así. Al tiempo veremos los resultados de hacer panagerismo del delito.

ES CUANTO.

fhinter@hotmail.com

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