Por Julio Zenón Flores Salgado

Según una versión que se maneja en círculos cerrados de la clase política de Guerrero, el ex gobernador Ángel Aguirre Rivero quiso tentar al rector de la Universidad Autónoma de Guerrero (Uagro), Javier Saldaña Almazán, ofreciéndole hacerlo gobernador de la entidad.

Aguirre era, en ese entonces, el todopoderoso gobernador; manejaba a su antojo al PRD, que lo postuló, al PRI, del que salió y al PAN, donde ponía y quitaba dirigentes. Amigo del presidente de la República, Enrique Peña Nieto y protegido del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, pero estaba tocado por el caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala a finales del 2014.

Tenía todo el respaldo arriba, en la clase política, pero el estado estaba incendiándose. Sus amigos del poder le ofrecieron una salida digna: que recomendara a su sucesor, alguien que, por supuesto, no podía ser del PRI, partido entonces minoritario en el estado, ni del PRD, partido en ese momento estigmatizado por el caso Ayotzinapa.

Luego de una rápida consulta con su primer círculo, propuso al rector de la UAGRO. Javier Saldaña Almazán, hombre sin partido político, ajeno a la clase política dominante y con un posicionamiento en ascenso: venía de una impecable operación como director de Planeación de esa casa de estudios y había llegado a la rectoría con un alto grado de aceptación, con el consenso de alrededor de 30 grupos universitarios que antes habían hecho de ese recinto una olla de grillos y que al fin habían coincidido en una persona, como candidato único, que rescatara la academia sin perder el sentido social e inclusivo sembrado años atrás por el tres veces rector Rosalío Wences Reza.

La figura de Saldaña fue bien vista en el círculo de Peña Nieto así como por los mandamases del PRD, PRI y del PAN. Los grupos radicales de la izquierda también dieron su beneplácito.

Nadie creyó que personaje alguno rechazara la oportunidad de obtener el poder y dinero que daban las gubernaturas en la era del neoliberalismo, para ejercer un presupuesto de más de 40 mil millones de pesos al año.

Javier Saldaña, sin embargo, no se dejó deslumbrar y respondió que tenía un compromiso con los universitarios: Nunca en la historia de la casa de estudios se había generado unidad en torno a un candidato. Escuchó la propuesta, pero prefirió la vida académica al poder político.

Fueron entonces por el también universitario Rogelio Ortega Martínez, fundador del Instituto Internacional de Estudios Políticos Avanzados “Ignacio Manuel Altamirano”, bajo la idea de que finalmente, ante los ojos de la sociedad, sería la UAGRO la que se haría cargo del gobierno.

La realidad fue que Ortega Martínez armó su equipo y buscó marcar distancia de Saldaña. El 31 de octubre de 2014, trajo de la ciudad de México a líderes histórico de la izquierda universitaria, como el mítico brigadista del 68, Salvador Martínez de la Roca, “El Pino”, a la secretaría de Educación; Eliseo Moyao Morales, de Economía de la UNAM, a la secretaría de Finanzas y al cirujano e infectólogo de la UAGRO Edmundo Escobar Abeica, ex director de la facultad de Medicina. Al único cercano a Saldaña que designó fue al director de Comunicación social, Cuauhtémoc Saavedra, a quien sustituyó por el ex-director de RTG, durante el gobierno de Aguirre, Misael Habana.

A los pocos meses el estado parecía en riesgo de calentarse más y el “tanque de la política”, como definió Ortega a Aguirre, recomendó operar a la vieja usanza, consiguiéndole 250 millones de pesos, “libres” para la operación política. Mismos que, según diversas fuentes, se distribuyeron de tal manera entre líderes que se generó una calma suficiente para gobernar. (Se dice que esos 250 mdp no han sido comprobados, hasta la fecha).

Pero después de eso vino una ruptura entre el gobernador interno y su antecesor.

Aguirre Rivero diría después a sus cercanos que Ortega no le había cumplido y recurrió a Saldaña, una vez más para pedir su mediación. El rector volvió a decir que lo suyo era la academia y le dijo que lo resolviera con Ortega.

Vino la elección constitucional y el nombre de Javier Saldaña apareció de nuevo, para suceder a Ortega. Más de uno susurró al oído que era su oportunidad y el rector volvió a decir que no. Que no lo tentaba el poder.

Javier Saldaña despreció la gubernatura y, además de ganarse la amistad del triunfador de ese proceso, Héctor Astudillo Flores, condujo a la UAGRO a uno de sus periodos de mayor desarrollo histórico. Infraestructura, certificaciones de carreras, movilidad, becas, espacios para mujeres e indígenas, fueron su marca, así como la irrupción de la universidad en el plano nacional de las mejores casas de estudio públicas.

Muy cerca de terminar su periodo como rector, en los meses que lleva la pandemia mostró a la sociedad el carácter solidario de los universitarios y se le vio colaborando en el combate al SARS-COV2, poniendo toda la estructura de la Uagro en la trinchera.

Hoy, a un año de que Guerrero vote para elegir nuevo gobernador, el nombre de Javier Saldaña Almazán vuelve a sonar. Abiertamente en el PRI nacional, discretamente en palacio nacional, subliminalmente en grupos de Morena.

La incógnita es si pudieran, actuales dirigentes de los partidos que competirán en Guerrero, (que por cierto tienen en su seno a formidables contendientes hasta para prestar) dar un paso de lado, para postular a un no militante, para encargarle la unidad necesaria para relanzar el desarrollo de la entidad en el marco de la 4T y, si esta vez el rector de la Uagro diría que si.

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Portal editado por JULIO ZENÓN FLORES SALGADO.- Periodista y escritor. Licenciado en ciencias de la comunicación, maestrante en Ciencia Política y diplomado en MKT digital; Columnista en La Jornada Guerrero, Enfoque informativo y en Redes del Sur. www.facebook.com/trasfondoinformativo, Escríbenos a zenon71@hotmail y suscríbete en el canal de youtube

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