por Enrique Silva M.

 En próximos días el Presidente de nuestro país visitará a su homólogo estadounidense en la capital del vecino país del norte, será de hecho la primer visita al extranjero que realice el actual mandatario mexicano desde que asumió la presidencia a fines del 2018. Dicha visita ha causado controversia -como casi todo lo que hace el mandatario- y despierta también mucho morbo sobre lo que significará que por primera vez ambos mandatarios estén cara a cara, habrá que ver cada una de sus reacciones y discursos, en que términos se llevará a cabo la reunión con el pretexto de la entrada en vigor del tratado comercial conocido como T-MEC, pero ante una muy cercana elección donde el anfitrión busca reelegirse otros cuatro años.

 

 Habrá que ver como buscará capitalizar el vecino la visita del mandatario mexicano cuando uno de sus principales discursos es en torno a una estricta política migratoria y la construcción del muro que dicho por él “tiene que pagar el gobierno mexicano”, cuando por todos es sabido el discurso nacionalista y en contra de los inmigrantes, habrá que ver que tan cuidadoso es el anfitrión en esos temas o si de plano se lanza para exacerbar el discurso de supremacía que le llevó a la casa blanca y que tanto se lo permite el jefe del ejecutivo de nuestro país.

 Por todos es conocida la actitud del magnate Presidente de querer imponerse a sus homólogos desde el saludo físico y en el discurso, pero también es conocida la actitud tolerante, pacifista y minimizando cualquier intento de violencia por parte de el mandatario mexicano, será un choque de personalidades donde se impondrá el que mejor sepa sostenerla, será una reunión que tendrá que ver más con las consecuencias políticas que con las económicas por el T-MEC, habrá que ver después de la tan sonada reunión a quien le convino más o si de plano acuerdan con antelación llevársela suavecita para no salir raspados y si fortalecidos en cada uno de sus muy particulares intereses.

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