Roberto Fuentes Vivar

Esta semana se comenzaron a difundir las estimaciones dela caída del Producto Interno Bruto (PIB) en varios países y, con ellas, se confirma que el mundo (ese planeta que tanto nos empeñamos en destruir en décadas recientes) se encuentra en una debacle  económica que va más allá de las meras cifras y estadísticas.

En México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer que, preliminarmente, el PIB entre abril y junio cayó 17.3 por ciento frente al primer trimestre del año y 18.9 por ciento con relación al mismo periodo del año pasado.

En el acumulado de los primeros seis meses del año, la contracción del PIB en el estimado oportuno es de 10.5 por ciento respecto a igual lapso de 2019. Se trata, según los especialistas y el propio presidente del INEGI, Julio Santaella, del mayor desplome desde que se mide la economía mexicana a través del Producto Interno Bruto.

En Estados Unidos el producto Interno Bruto se desplomó 32.9 por ciento  y a pesar de que la cifra fue mejor que las previsiones, que apuntaban una caída de más del 35 por ciento, es la mayor debacle económica desde la Segunda Guerra Mundial. El desplome del 32.9% se compara respecto al mismo periodo de 2019, cuando la economía de Estados Unidos disfrutaba de una sólida bonanza económica. Frente al primer trimestre de 2020, la caída sería del 9.5 por ciento, cifra también sin precedentes

En Alemania, el producto interior bruto (PIB) tuvo en el segundo trimestre del año una caída del 10.1 por ciento, la más fuerte desde que se comenzó a registrar este dato en el país. La Oficina Federal de Estadística (Destatis) indicó que la caída fue más del doble de la más alta registrada durante la crisis financiera y económica del 2008 y el 2009. Con respecto al segundo trimestre del 2019 la caída del PIB fue del 11.7% por ciento el mayor descenso en la historia, o por lo menos desde que se registran los datos como se hace actualmente.

La debacle había sido previamente anunciada por muchos analistas, académicos y hasta espías, a quienes algunos llamaron “agoreros del desastre (en el más clásico estilo lopezportillista). Personalmente recuerdo algunos de esos avisos que publiqué en su momento, en esta columna. El más reciente y del que tomo ahora algunos párrafos fue en noviembre del año pasado (http://almomento.mx/tag/horca/).

El 2019, empresario estadounidense, Nick Hanauer, en un video señalaba a sus amigos empresarios: “si no hacemos algo para corregir las desigualdades económicas evidentes en nuestra sociedad, las horcas vendrán hacia nosotros, porque ninguna sociedad libre y abierta puede soportar este aumento en la desigualdad económica”.

El 20 de enero de 2009, cuando tomó posesión como presidente de Estados Unidos, Barak Obama, dijo: “nuestra economía está gravemente debilitada, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por el fracaso colectivo a la hora de elegir opciones difíciles y de preparar a la nación para una nueva era”. Ahí prometió que no iba a volver a suceder que unos pocos lucraran con el futuro de muchos.

Tres meses después, en marzo de 2009, en la 72 Convención Bancaria de Acapulco, Alan Greenspan, uno de los principales gurúes del neoliberalismo a través de la Reserva Federal estadounidense, dijo: “nos equivocamos pensamos que (poniendo a la economía mundial como un automóvil) el coche necesitaba solo un cambio de aceite, pero también necesita un cambio de motor y tal vez hasta un cambio de modelo”

Otros agoreros de la caída del sistema (no del electoral sino del financiero mundial), fue Jim Rickards quien en su libro “La Gran caída” y en posteriores entrevistas previó el inicio de una debacle del sistema financiero mundial (que llevará a un cambio de fondo), en febrero de 2018. Jim Rickards fue durante 35 años asesor de la CIA en los mercados.

También el ruso Daniel Estulin, quien publicó un libro llamado “La trastienda de Trump”, predecía el fin del sistema económico internacional, porque, señalaba, existen dos grupos de poder económico enfrentados entre sí para controlar al mundo.

Uno más es el premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, quien consideraba, desde hace varios años, que “persiste el riesgo de un colapso financiero global por la continuidad de la crisis desatada en 2008”. Y atribuía la próxima catástrofe a la desigualdad social global, al escaso crecimiento económico y al aumento del desempleo.

El legendario inversionista estadounidense Jim Rogers predecía en 2018  que la crisis económica mundial estallará muy pronto, porque el dólar ha subido muy alto, lo que llevará a una burbuja y a un colapso posterior, en el cual se buscarán nuevas inversiones como el rublo ruso.

Uno más de los pronosticadores del desastre es el economista estadounidense Martin Armstrong, quien predijo la crisis de 1987 y hace dos años señalaba que los Gobiernos de todo el mundo inevitablemente se enfrentarán a una crisis de insolvencia. También el economista Larry Edelson, pronosticaba el efecto dominó el colapso financiero finalmente golpeará a todo el mundo.

Bill Blain, estratega de la consultora Mint Partners, pronosticaba que esta vez los mercados de bonos serán los que desencadenen el caos. Y Jim Rogers, conocido como el gurú de los commodities, señalaba en 2019,  que las cosas en los mercados se podrían poner muy complicadas en los próximos meses. Incluso hasta el banco de inversiones Goldman & Sachs, preveía que “los trastornos en los mercados emergentes podrían desencadenar una tercera ola de la crisis financiera global que empezó en 2008”,

De todos estos avisos di cuenta en su momento en esta columna. Hoy la debacle ya es un hecho. Y puede afirmarse que es mucho mayor a la que pronosticaron estos especialistas, pues el colapso no solo es financiero, sino que abarca a toda la economía. Quienes auguraban el fin de la economía y del sistema financiero global no se equivocaron. Quizá sí en la forma, pero no en el fondo, porque siempre pensaron que el desastre sería por las desigualdades sociales o el excesivo afán de lucro.

Ninguno de ellos se imaginaba que la debacle económica mundial sería producto de un microscópico virus que ha puesto en jaque a las economías de todo el planeta. Todavía faltan muchos países por reportar la caída de su producto interno bruto, lo que sucederá seguramente en agosto. Entones ya deberá comenzarse a planear, con más detalles, un nuevo modelo económico global. Dice el filósofo del metro: el patatús viene después del exceso de pus.

 

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