Por Enrique Silva M.

Si bien es cierto que delitos de alto impacto han bajado e incluso ya no ubican a Acapulco entre las ciudades más violentas del país, según lo dicho por las autoridades hay otro delito que se ubica como uno de los más constantes a nivel nacional y es de la extorsión, mismo que ha llevado al fenómeno de desplazados, cierre de negocios y pérdida de empleos en consecuencia.

Endurecer penalidades y que sea un delito considerado grave como lo es, se espera contribuya a que disminuya su ocurrencia, sin embargo, se avisora difícil erradicarlo si la extorsión se presenta en todos los niveles comenzando desde la escuela.

Acapulco es ejemplo claro de cómo la extorsión se ha tolerado desde hace muchos años en muchas escuelas con el pretexto de ser “un acuerdo de la sociedad de padres de familia”, exigen una cuota prácticamente como condicionante para inscribir al menor en los planteles desde jardín de niños, pasando por primarias y secundarias y aquel que no lo hace en tiempo se arriesga a ser exhibido frente a los demás o que le nieguen la entrega de documentos al término del ciclo escolar, contando siempre con la complacencia de autoridades que  solo simulan actuar pero no acaban nunca sancionando a nadie.

¿Qué ocurre entonces? pues que se enseña a los menores a que eso es lo correcto, que pese a ser fuera de la ley es cómo funcionan las cosas, a que si exiges por un derecho como es la educación tienes que pagar por él y obvio es que al recibir ese y otro tipo de orientaciones erróneas los niños y jóvenes crecen con esa cultura de amenazar y obtener beneficios pisoteando a los demás, al cabo no pasa nada.

Lo mismo ocurre con las tan criticadas marchas que desquician a una ciudad aun cuando terminen o no en plantón y bloqueo aduciendo que es un derecho manifestarse, si a los niños se les enseña a marchar para cualquier cosa, aun cuando se trate de una celebración inocente que los lleve a marchar como “para recibir la llegada de la primavera”, “celebrar el día de la ONU”, fiestas patrias, peregrinaciones, festejos religiosos, desfiles deportivos, etc., eventos que como sea obstruyen, obstaculizan, entorpecen la vida cotidiana y el libre tránsito de los demás, pareciera que las neuronas de quienes están encargados de la formación de los menores no dan para más y no puedan pensar en algo más formativo  como alguna actividad académica, deportiva o de convivencia en espacios que pueden ser públicos pero que no afecten a terceros, no señor, es más fácil enseñarlos a marchar para que se vayan preparando para cuando sean adultos y ya se la sepan cómo celebrar, exigir o chantajear a las autoridades y a la sociedad misma.

Hoy a muchos no les queda quejarse de la delincuencia porque si lo piensan bien, fueron parte de la formación de esos delincuentes y peor aún pusieron claros ejemplos de cómo actuar sin importarles el respeto a los demás ni a las propias leyes ¿a poco no?

alvolantetv6@hotmail.com

 

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