Por: Fernando Hinterholzer Diestel

 

Habemus Presidente dirían los doctos en latín y otras lenguas extrañas para nuestros tiempos. Después de la larga transición desde el 1 de julio hasta el 1 de diciembre,  por fin a partir del pasado sábado Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es el Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Han pasado 196 años, desde que Guadalupe Victoria y Nicolás Bravo asumieron la Presidencia y la vicepresidencia de aquel naciente país, todavía convulso por la guerra de independencia, un 10 de octubre de 1824 elegidos por el H. Congreso Mexicano, como lo estipulaba la Constitución de aquel año. A partir de esa histórica fecha para el presidencialismo en nuestro país, han sido 65 mexicanos que han ostentado el cargo de Presidente de la República, aunque algunos han repetido varias veces como fue el caso de Antonio López de Santa Anna y de don Porfirio Díaz Mori.

 

Llegó la hora de gobernar para AMLO, de asumir sus atribuciones y facultades que le otorga la Constitución y de olvidarse de revanchismos políticos que lo único que generarían es polarizar más a la nación y darle cuerda a algunos de sus “esbirros” para decir y declarar tonterías que no le abonaran en nada a la gobernabilidad que tanto necesita México.  Desde el pasado sábado, el lopezobradorismo, que durante varios años, había fungido como un movimiento de oposición, se convirtió oficialmente en gobierno, y son ya ahora los responsables del gobierno mexicano. Tendrán que operar la administración pública federal para que el gobierne funcione y opere en la 4ª. Transformación. Y es que grande es el desafío para detener la violencia, para llevar la economía con estabilidad, en un marco de complicaciones a nivel global, de seguir generando empleos y por supuesto, de poder cumplir todas y cada uno de las promesas que ofreció el 1 de diciembre.

 

La imparable violencia generada por más de 6 carteles y más de 90 células delictivas en las 32 entidades que componen la geografía nacional y que realizan diversas actividades criminales que van desde   la producción, trasiego y venta de drogas, secuestro, extorsión, robo de vehículos, de transporte, de gasolina, así como el enorme número de asesinatos, el gobierno de AMLO enfrentará los niveles más altos de violencia e inseguridad en la historia reciente de México. Y para luchar contra este monstruo de mil cabezas, se requiere estrategia, inteligencia y ayuda de los vecinos del norte.

Cómo harán para pacificar Guerrero, Michoacán, Chihuahua, Veracruz y Tamaulipas, entre otras muy violentas entidades, sin violentar los derechos humanos.

 

Otro gran reto del nuevo gobierno es el tema económico, durante esta semana que terminó, previo al 1 de diciembre,  la economía sufrió descalabros por ocurrencias de aliados del próximo gobierno. El lunes pasado la BMV vivió su peor día  debido por burradas de los miembros del PT, respecto a desaparecer las afores. Lo grave es que tuvo que pasar toda la jornada bursátil, vivir una caída de más de cuatro por ciento en la Bolsa, vivir una minicrisis financiera para que el próximo secretario de Hacienda, saliera a desmentir las lamentables declaraciones, planteadas por los miembros de  ese partido, satélite de Morena. Y por si no bastará, la renuncia del subsecretario, Gerardo Esquivel, quien optó mejor irse al Banco de México.

Estos deslices muestran que por lo menos en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, existen  debilidades y divisiones internas. Los miembros del equipo económico y los legisladores afines al Presidente de la República deben aprender que los mercados y los inversionistas, reaccionan de inmediato a las declaraciones políticas, tal y como sucedió con Monreal y las comisiones bancarias. Derivado de esto, gran cantidad de inversionistas, que tenían invertido su dinero en la BMV, perdieron  millones de pesos en las últimas semanas. A esto hay que sumar la continua depreciación del peso (fluctúa alrededor de 20.63 pesos por dólar). En conclusión: muchos inversionistas están retirando sus capitales de México y los que se quieren quedar están demandando un mayor rendimiento porque perciben que se incrementó el riesgo de invertir en nuestro país.

Queda claro al inicio de esta administración, que los mercados y los inversionistas están cada vez más nerviosos y preocupados por las señales que envían AMLO y su equipo. Ya no son sólo la cancelación del proyecto del Aeropuerto de Texcoco o el asunto de las comisiones bancarias. El nuevo partido en el poder ya presentó otra iniciativa para regular más a la industria minera, facilitando la posibilidad de que el gobierno rescinda las concesiones. “Se ha insistido tanto en el cambio de régimen y la Cuarta Transformación que no se termina de comprender que los límites de la política son estrictos cuando chocan con la realidad. Y, sin embargo, se sigue actuando como si esos límites no existieran, se sigue pensando que el mandato popular alcanza para todo”.

Los mexicanos esperamos que el auto denominado gobierno progresista  de AMLO, se apegue a la cultura de la legalidad, que los nuevos servidores públicos acaten el marco legal sobre qué se puede hacer y qué les está restringido realizar, de acuerdo a la normatividad vigente. La máxima en derecho es inevitable para conducirse por el camino de la legalidad, la autoridad sólo puede hacer lo que la ley le permite expresamente. Sobre esta premisa esperemos que AMLO no pretenda saltarse las trancas legales, ni inventar consultas populares, para modificar las leyes a modo, como es el caso actual, para hacer llegar a Taibo II al FCE, de otra manera empezaremos a caer al despeñadero, sin alusión al anterior gobernante.

ES CUANTO

ADENDDUM: el crimen recibió el primer día de gobierno de AMLO con 15 ejecuciones, ojalá y no vaya ser el signo del nuevo gobierno. Y Maduro como Fidel Castro hace uno años, llega tarde, come y se va.

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