Por Ignacio Hernández Meneses

En Guerrero, la disputa por el poder entre adversarios ha provocado enconos, distanciamiento y hasta enfrentamientos de violencia y sangre. Pero lo más grave y contradictorio, es cuando las pugnas son internas en los mismos partidos políticos. Una muestra de ello es el caso del abogado y político Alberto López Rosas, el político más investigado en los últimos 15 años. Y es que desde las altas esferas del poder se utilizaron a las instituciones para ejercer persecución y venganza. El ingeniero mecánico Genaro García Luna metido a polizonte en el mandato del presidente espurio Felipe Calderón Hinojosa responsabilizó al ex presidente municipal López Rosas de varios delitos por el caso de los estudiantes acribillados en la autopista del Sol y un empleado de la gasolinera –que murió a consecuencia del incendio de una bomba de gasolina- el 12 de diciembre de 2011. El ex procurador de Justicia renunció al cargo para defenderse en los tribunales federales y luego, de una larga y complicada batalla jurídica salió librado. Pero esta persecución empezó allá por el 2005, cuando la contraloría del estado lo inhabilitó por 10 años para ejercer cargos públicos y de representación popular, lo que provocó que lo sacaran de la jugada para ser candidato a diputado federal en 2009. Una contraloría que no tenía facultades para inhabilitar a un ex presidente municipal, facultades que solo tienen las auditorías General del Estado, y la Superior de la Federación. En total han sido nueve demandas estatales las que ha enfrentado y que con la fuerza de la razón y el derecho ha salido librado de esta historia de acusaciones de las que fue objeto. Hoy las procuradurías estatal y federal le reconocen que es un ciudadano sin antecedentes penales. Y así como este caso, hay otros que enfrentan el mismo escenario de persecución  y venganza porque desde las altas esferas del poder, los juzgadores reciben línea para cerrarle el paso a quienes en ejercen sus derechos políticos. Lo fue en su momento, el maestro Eloy Cisneros Guillén, quien apoyado de una gran parte de su pueblo, defendió aún a costa de su vida, el primer triunfo del PRD en Guerrero al ganar el ayuntamiento de su natal Ometepec. De una sola pieza, Eloy Cisneros fue reprimido por la policía motorizada de Agustín Montiel López en 1990, en el periodo de los desencuentros, cuando el gobernador José Francisco Ruiz Massieu bautizó al PRD como “el partido de la violencia y de la sangre”. Por eso ya no se debe ni se puede seguir utilizando a las instituciones públicas para ejercer persecución y venganza, porque eso se revierte a la confianza de las instituciones y de los gobernantes. Lo cierto es que se asoma una luz en el camino el primero de diciembre: “¡Al margen de la ley nada, por encima de ella nadie!”.

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